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El “río de fuego” en Guangzhou expone los riesgos ocultos del transporte de químicos en ciudades densas

Un accidente ocurrido en la ciudad de Guangzhou, al sur de China, dejó una escena que rápidamente se volvió viral: una avenida convertida en un “río de fuego” luego de que un camión que transportaba parafina líquida derramara parte de su carga, provocando una cadena de llamas que avanzó sin control por el asfalto. Aunque las autoridades confirmaron que no hubo personas heridas, el impacto visual del siniestro reveló la fragilidad de la seguridad urbana ante sustancias altamente inflamables.

El incidente, registrado en la Avenida Industrial, no solo generó pérdidas materiales; también reabrió un debate que las grandes ciudades tienden a aplazar: ¿qué tan preparados están los sistemas de transporte para movilizar químicos peligrosos en medio del tráfico, comercios y viviendas? La rápida propagación del fuego evidenció que basta un error mínimo para desencadenar un escenario de riesgo extremo.

Las imágenes difundidas muestran vehículos envueltos en llamas, columnas de humo denso y ciudadanos corriendo para alejarse, un recordatorio contundente de que la planificación urbana debe contemplar la presencia de rutas seguras para este tipo de carga. La ausencia de víctimas no disminuye la gravedad de lo ocurrido; por el contrario, refuerza la necesidad de revisar protocolos, exigir mayor control técnico a los transportadores y establecer zonas de menor exposición.

Más allá del caso puntual, este episodio es una advertencia para cualquier ciudad que permita el tránsito de combustibles o sustancias inflamables sin evaluaciones de riesgo estrictas. El “río de fuego” de Guangzhou deja una lección clara: la prevención no puede esperar a que la tragedia sea inevitable, porque en materia de químicos, un segundo basta para que una vía se convierta en un infierno.

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