Cuando la caña vale más como combustible: el alza del azúcar ante el giro de Brasil hacia el etanol

El reciente repunte en los precios del azúcar refleja una tensión creciente en el mercado global: la posibilidad de que los ingenios brasileños reduzcan la producción de azúcar y destinen más caña a producir etanol.
Este desplazamiento del uso de la caña tiene fundamentos económicos claros: cuando el etanol ofrece mejores márgenes o estabilidad, muchas plantas optan por priorizar biocombustible. Como resultado, esa expectativa de menor oferta de azúcar impulsa la cotización del edulcorante en los mercados internacionales, ante la amenaza de una posible escasez.
Este fenómeno evidencia algo más que un ajuste de mercado: revela la dualidad estructural del sector azucarero-energético. Lo que antes era una industria dedicada principalmente al azúcar, ahora debe equilibrar —en función de precios y demanda— entre alimento y combustible. Esa dinámica transforma la caña en un recurso estratégico, sujeto a las fluctuaciones globales del petróleo, del etanol y de los energéticos.
Para países importadores —como muchos en América Latina— el giro brasileño implica incertidumbre: puede subir el costo del azúcar, lo que repercute en la cadena de producción de alimentos, confitería, bebidas, y consumo doméstico. Al mismo tiempo, pone de relieve la vulnerabilidad de los mercados frente a decisiones de producción que no dependen de la demanda directa de azúcar, sino de los mercados energéticos.
En ese contexto, la reciente subida de los futuros del azúcar no debe interpretarse solo como una reacción especulativa, sino como una señal del mercado: los productores globales de caña están reevalando su producción, priorizando biocombustible cuando resulta rentable, y dejando al azúcar en segundo plano. Esa tendencia podría mantenerse si los precios del petróleo suben o si crece la demanda de etanol.
En definitiva: lo que sucede hoy no es solo un pico de precios, sino un posible punto de inflexión estructural en la industria azucarera mundial. Si Brasil consolida esta tendencia, el azúcar podría volverse un producto cada vez más “volátil”, sujeto a decisiones de energía, no solo de edulcorantes.



