Córdoba apuesta por el futuro: aprobación de canchas sintéticas impulsa el deporte y la inclusión social

En una región donde el deporte forma parte del tejido social y cultural, la noticia de que se construirán canchas sintéticas en varios municipios de Córdoba no es un anuncio más, sino el resultado de años de reclamos ciudadanos y un paso significativo hacia la democratización del acceso a espacios deportivos de calidad. La decisión, tomada recientemente por instancias municipales y respaldada con recursos públicos, tiene un impacto que va mucho más allá del balompié amateur: abre la puerta a la salud comunitaria, al fortalecimiento del tejido social y a la inclusión de jóvenes que hasta ahora veían limitado su acceso a infraestructura digna.
La idea de canchas sintéticas no es nueva en Colombia ni en el mundo, pero su implementación en zonas populares y rurales de Córdoba representa una ruptura con un modelo tradicional de inversión pública que priorizaba estadios de alto perfil y eventos espectaculares, dejando de lado las necesidades básicas de los barrios y corregimientos. La construcción de estos escenarios, accesibles y de bajo mantenimiento, responde a una lógica de equidad: se habilitan espacios seguros, polivalentes y utilizables durante todo el año, independientemente de la temporada de lluvias —un factor no menor en una región tropical como el Caribe colombiano, donde el clima ha condicionado históricamente la práctica deportiva en canchas de tierra o césped natural.
Pero la importancia de estas canchas va más allá de la práctica deportiva en sí misma. Estudios en sociología del deporte han demostrado que la disponibilidad de infraestructura deportiva de calidad está directamente relacionada con menores tasas de violencia juvenil, mayor cohesión comunitaria y mejores indicadores de salud pública. Para muchos municipios cordobeses, donde las alternativas de ocupación juvenil pueden ser escasas, una cancha sintética se convierte en un espacio de contención, socialización y desarrollo, un punto de encuentro que puede alejar a los jóvenes de dinámicas de riesgo.
Además, la construcción de canchas sintéticas posee una dimensión económica local importante. No solo genera empleo directo durante la fase de obra, sino que posteriormente convierte a estos escenarios en polos de atracción para torneos, ligas comunitarias y eventos deportivos que movilizan economía en sectores como alimentación, transporte y servicios generales. En lugares donde las oportunidades económicas formales son limitadas, el deporte organizado puede dinamizar microeconomías locales, fortalecer el asociativismo y promover proyectos productivos vinculados a la actividad deportiva.
La materialización de estas canchas, sin embargo, también plantea una pregunta crucial: ¿cómo se garantizará su sostenibilidad a largo plazo? La construcción es apenas el primer paso; su mantenimiento, programación de actividades, gestión comunitaria y utilización efectiva dependerán de acuerdos entre la administración local, las juntas de acción comunal, clubes deportivos y las mismas poblaciones beneficiarias. En otras palabras, la infraestructura debe ir acompañada de políticas activas que promuevan la formación de escuelas deportivas, entrenadores capacitados, programas intergeneracionales y una cultura de cuidado comunitario.
Esto no es un detalle menor. Muchas experiencias en otras regiones del país han demostrado que sin una estrategia de acompañamiento, las obras de infraestructura deportiva pueden convertirse en elefantes blancos: espacios bonitos, pero subutilizados y sin impacto real en la vida comunitaria. Por eso, la discusión no debe quedar reducida al anuncio de construcción, sino avanzar hacia un diálogo inclusivo sobre gestión, programación, financiamiento sostenido y evaluación de resultados.
El anuncio también llega en un momento en que el deporte colombiano —y en particular el deporte popular— se encuentra en una encrucijada: las brechas entre zonas urbanas y rurales, entre centros de alto rendimiento y comunidades periféricas, se han hecho más visibles. La inversión pública en infraestructura deportiva es, por tanto, una oportunidad para reducir brechas territoriales, fomentar la participación activa de poblaciones tradicionalmente marginadas y revalorizar el deporte no solo como espectáculo, sino como herramienta de inclusión social.
En definitiva, la llegada de canchas sintéticas a varios municipios de Córdoba es una noticia celebrada por aficionados, gestores deportivos y líderes comunitarios. Pero su verdadero valor se medirá en los proyectos que surjan alrededor de esas canchas, en cómo se conviertan en epicentros de educación, salud y convivencia, y en la forma en que las comunidades asuman su cuidado y programación.
Porque una cancha bien pavimentada es algo más que una superficie de juego: es un espacio donde se pueden tejer historias de superación, encuentros intergeneracionales y sueños de atletas que, quizás, algún día trasciendan las fronteras del departamento.



