Córdoba

Businú zarpa como símbolo de ciudad: Montería apuesta por el río Sinú para redefinir su movilidad y su desarrollo

La entrada en operación de las embarcaciones Betancí y Yapel, que integran el sistema Businú, representa mucho más que la puesta en marcha de un nuevo medio de transporte en Montería. Se trata de una decisión estratégica de ciudad, que recupera el papel histórico del río Sinú y lo proyecta como eje de integración urbana, desarrollo económico y movilidad sostenible, en un contexto nacional donde las soluciones innovadoras al transporte siguen siendo una deuda pendiente.

El acto oficial, encabezado por el alcalde Hugo Kerguelén García y la gestora social Diana Sierra Márquez, marca un hito al consolidar a Businú como el primer Sistema de Transporte Público Fluvial de Colombia. Este hecho posiciona a Montería como una ciudad pionera, capaz de transformar su geografía en una ventaja competitiva y de convertir un elemento natural, históricamente subutilizado, en una herramienta concreta de progreso.

El discurso del mandatario local dejó claro que Businú no nació como un simple proyecto de infraestructura, sino como una visión de largo plazo. Al evocar el origen de Montería como una ciudad que creció de cara al río, Kerguelén subrayó la dimensión simbólica del sistema: volver a las raíces para avanzar hacia el futuro. En esa narrativa, el río Sinú deja de ser un límite urbano o un paisaje pasivo y se convierte nuevamente en un corredor vivo de conexión y desarrollo.

No obstante, el camino hacia este punto estuvo lejos de ser lineal. El proyecto enfrentó obstáculos técnicos, cuestionamientos financieros y debates políticos que pusieron en duda su viabilidad. La decisión de continuar con recursos propios del municipio, asumida por la administración local, evidencia un riesgo político y fiscal calculado, pero también una apuesta clara por no abandonar una iniciativa estructural. En un país donde numerosos proyectos quedan inconclusos por falta de continuidad administrativa, Businú emerge como un caso que desafía esa lógica.

Desde una mirada periodística, el valor del proyecto también radica en su carácter transversal. Businú no pertenece a una sola administración ni responde a una coyuntura electoral; se plantea como una política pública que trasciende periodos de gobierno. Esta afirmación, reiterada por el alcalde, pone sobre la mesa un debate clave: la necesidad de que las ciudades piensen su desarrollo más allá del corto plazo y de los intereses partidistas.

El componente técnico e industrial refuerza la relevancia del sistema. Las embarcaciones, diseñadas y construidas por Cotecmar, son una muestra de la capacidad de la ingeniería naval colombiana para responder a necesidades reales del territorio. La participación de más de 90 empresas nacionales, junto con la generación de cientos de empleos directos e indirectos, demuestra que Businú no solo impacta la movilidad urbana, sino que también dinamiza la economía y fortalece el tejido productivo nacional.

La visión intermodal del sistema, destacada por el vicealmirante Luis Fernando Márquez Velosa, amplía el alcance del proyecto. Businú no compite con el transporte terrestre, sino que lo complementa, abriendo la puerta a un modelo de movilidad más eficiente, menos contaminante y mejor adaptado a la realidad geográfica de Montería. En tiempos donde la sostenibilidad ya no es un discurso, sino una exigencia, el transporte fluvial se presenta como una alternativa pertinente y necesaria.

Más allá de lo técnico y lo económico, el impacto social y urbano de Businú será su principal prueba. La activación del río como eje de movilidad tiene el potencial de revitalizar zonas ribereñas, impulsar el comercio, fortalecer el turismo y transformar la forma en que los ciudadanos se relacionan con su entorno. Si el sistema logra consolidarse, Montería no solo habrá ganado un nuevo medio de transporte, sino una nueva manera de habitar y pensar la ciudad.

Businú zarpa, entonces, como un sueño cumplido, pero también como un desafío abierto. Su éxito dependerá de una operación eficiente, del mantenimiento constante y, sobre todo, de la apropiación ciudadana. Si estas variables se alinean, Montería habrá demostrado que las ciudades intermedias pueden liderar transformaciones profundas, con identidad propia y visión de futuro, navegando —literal y simbólicamente— hacia un desarrollo más conectado y sostenible.

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