Montería

Businú y el ruido político: cuando el debate en el Concejo navega entre la crítica fácil y las decisiones de ciudad

El proyecto Businú, concebido como una alternativa de transporte fluvial para Montería y como símbolo de innovación urbana, volvió a quedar en el centro de la discusión pública tras un nuevo cruce de señalamientos en el Concejo Municipal. Esta vez, el debate no giró únicamente alrededor de aspectos técnicos o financieros, sino que tomó un tono político más áspero, con acusaciones cruzadas y calificativos que, lejos de aportar claridad, evidencian la fragilidad del diálogo institucional cuando los proyectos estratégicos se convierten en trincheras ideológicas.

Desde su anuncio, Businú ha despertado expectativas y resistencias en partes iguales. Para sus defensores, representa una apuesta moderna por la movilidad sostenible, la recuperación del río Sinú como eje de integración y una solución parcial al congestionamiento urbano. Para sus detractores, en cambio, el proyecto adolece de improvisación, falta de planeación integral y un exceso de protagonismo político. En medio de esas dos visiones, el Concejo debería ser el escenario natural para un debate técnico, informado y orientado al interés colectivo. Sin embargo, lo ocurrido recientemente muestra que esa premisa no siempre se cumple.

Las intervenciones de algunos concejales, calificadas en el ambiente político como “planchoneras”, reflejan un fenómeno recurrente en la política local: la tendencia a priorizar el golpe discursivo sobre el análisis de fondo. Cuando el debate se reduce a frases efectistas, ironías o descalificaciones, el proyecto deja de evaluarse por sus méritos o falencias reales y pasa a ser un instrumento de posicionamiento político. El problema es que, en ese juego, quien pierde no es el adversario de turno, sino la ciudad.

Desde una mirada periodística, resulta indispensable separar el ruido del contenido. Businú, como cualquier obra pública de alto impacto, debe ser objeto de control político estricto, pero también de responsabilidad discursiva. Señalar fallas, exigir informes claros, cuestionar costos y sostenibilidad es no solo legítimo, sino necesario. Lo que resulta preocupante es cuando ese control se desdibuja y se transforma en una confrontación que no aporta soluciones ni alternativas viables.

El fondo del asunto es más profundo: Montería enfrenta retos estructurales en movilidad, ordenamiento urbano y acceso equitativo al transporte. En ese contexto, Businú no puede analizarse como un proyecto aislado ni como una bandera personal o partidista. Su éxito o fracaso tendrá implicaciones directas en la forma como la ciudad concibe su relación con el río, su expansión urbana y su modelo de desarrollo. Por eso, banalizar el debate es una forma de irresponsabilidad política.

También es necesario reconocer que el proyecto ha sido presentado, en ocasiones, más desde el entusiasmo político que desde la pedagogía ciudadana. La falta de información clara y permanente abre espacio para la desconfianza y alimenta el discurso crítico, incluso aquel que se apoya más en percepciones que en datos. En ese vacío comunicativo, el Concejo tiene la oportunidad —y la obligación— de elevar el nivel del debate, no de degradarlo.

El calificativo de “planchoneros”, más allá de su carga irónica, termina siendo un síntoma de algo más grave: la normalización de un estilo de discusión que privilegia el espectáculo sobre la deliberación. Cuando el Concejo se convierte en escenario de show político, los problemas reales quedan relegados y los ciudadanos se distancian aún más de la institucionalidad. La política local pierde credibilidad y los proyectos estratégicos se vuelven rehenes del cálculo electoral.

Businú necesita evaluación, ajustes y, posiblemente, correcciones de rumbo. Pero esas decisiones no pueden surgir de la burla ni del enfrentamiento personal. Requieren estudios, cifras, comparaciones con experiencias similares y, sobre todo, una visión compartida de ciudad. El control político serio no se mide por el volumen del discurso, sino por la capacidad de incidir positivamente en la gestión pública.

En definitiva, el debate alrededor de Businú y el papel de los concejales deja una lección clara: las ciudades no se construyen con frases altisonantes, sino con discusiones responsables. Montería necesita menos ruido y más argumentos, menos confrontación y más visión de largo plazo. Si el Concejo no logra elevar el nivel del debate, el proyecto fluvial seguirá navegando en aguas turbulentas, no por fallas técnicas inevitables, sino por la incapacidad política de ponerse de acuerdo en lo fundamental: pensar primero en la ciudad y no en el aplauso momentáneo.

#CANAL CORDOBA

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