Una generación que apuesta por quedarse: el 96 % de los jóvenes ve en Unicórdoba la llave de su futuro

Que el 96 % de los jóvenes manifieste su deseo de estudiar en la Universidad de Córdoba no es un dato menor ni una cifra que pueda leerse con ligereza. Es, en realidad, una señal potente sobre cómo una institución pública se ha convertido en referente de aspiración, identidad y proyecto de vida para toda una generación en el departamento y zonas vecinas. Detrás de ese porcentaje hay una lectura social profunda: los jóvenes siguen creyendo en la educación superior como la principal herramienta para transformar su presente y construir un futuro con mayores oportunidades.
La preferencia casi unánime por Unicórdoba revela, en primer lugar, el valor simbólico de la universidad pública en territorios históricamente golpeados por la desigualdad. Para miles de estudiantes, estudiar en una institución cercana no solo significa reducir costos de desplazamiento o alojamiento, sino la posibilidad real de acceder a una formación profesional sin abandonar su entorno familiar y cultural. En este sentido, Unicórdoba representa mucho más que aulas y programas académicos: encarna la promesa de movilidad social desde el territorio.
Este fenómeno también habla de confianza. Los jóvenes no eligen al azar. La percepción de calidad académica, la trayectoria institucional y los niveles de empleabilidad de sus egresados influyen de manera decisiva en esa preferencia. El hecho de que una alta proporción de graduados esté vinculada al mercado laboral refuerza la idea de que la universidad no solo forma profesionales, sino que ofrece herramientas concretas para la inserción productiva, un factor clave en un país donde el desempleo juvenil sigue siendo un desafío estructural.
Sin embargo, el entusiasmo que reflejan las cifras contrasta con una realidad que no puede ignorarse: la capacidad de respuesta del sistema de educación superior. Que casi todos los jóvenes quieran estudiar en Unicórdoba no garantiza que todos puedan hacerlo. Los cupos limitados, las barreras económicas y la deserción siguen siendo obstáculos latentes. La expectativa social es alta, pero también lo es la responsabilidad institucional y estatal de convertir ese deseo masivo en oportunidades reales.
Desde una perspectiva periodística, el dato del 96 % no solo exalta a la universidad, sino que interpela a las políticas públicas. ¿Está el Estado preparado para ampliar la cobertura y fortalecer la infraestructura académica? ¿Existen suficientes apoyos financieros, becas y programas de permanencia para que los estudiantes no se queden en el camino? La preferencia expresada por los jóvenes pone sobre la mesa la urgencia de invertir más y mejor en la educación superior pública.
Además, esta aspiración colectiva sugiere un cambio de narrativa. Durante años, el éxito académico estuvo asociado a salir del territorio, migrar a grandes ciudades o incluso al exterior. Hoy, muchos jóvenes ven en Unicórdoba una alternativa válida y competitiva para formarse sin romper con su entorno. Este giro tiene un impacto directo en el desarrollo regional, pues formar talento local aumenta las posibilidades de que ese conocimiento se quede y contribuya al crecimiento social y económico del departamento.
En el fondo, el deseo mayoritario de estudiar en Unicórdoba es una declaración generacional. Es la voz de jóvenes que, pese a las dificultades, siguen creyendo en la educación como camino de progreso y en la universidad pública como un derecho y no como un privilegio. El desafío ahora no es medir la intención, sino honrarla: convertir ese 96 % en historias reales de acceso, permanencia, graduación y aporte al desarrollo de la región.
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