Política

Aumento del salario mínimo bajo la lupa jurídica: Germán Bula advierte que el Consejo de Estado podría anular el decreto

La fijación del salario mínimo en dos millones de pesos, con un incremento del 23,7 %, abrió no solo un debate económico y social en el país, sino también un frente jurídico de alto calibre. La advertencia del expresidente del Consejo de Estado, Germán Bula Escobar, pone sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿tiene el Gobierno respaldo legal y técnico suficiente para sostener el mayor aumento del salario mínimo en la historia reciente?

Las declaraciones del exmagistrado, entregadas en entrevista a La W, no son menores ni retóricas. Provienen de una de las voces con mayor autoridad en materia de derecho administrativo y constitucional, y apuntan directamente al corazón de la legalidad del decreto presidencial. Para Bula, la fijación del salario mínimo no puede entenderse como un acto discrecional del Ejecutivo, sino como una decisión reglada, sujeta a criterios técnicos y a un marco normativo claramente establecido.

“El salario mínimo no es una cifra que el presidente pueda fijar según su conveniencia política”, sostuvo Bula, recordando que la ley exige tener en cuenta variables como la inflación, la productividad, el crecimiento económico y la capacidad real del aparato productivo. En ese sentido, el jurista deja claro que el debate no es ideológico, sino estrictamente jurídico: si el decreto no demuestra de manera sólida que cumplió con esos criterios, su validez puede ser cuestionada.

Desde una perspectiva periodística, esta advertencia introduce un elemento clave en la discusión pública. Hasta ahora, el aumento del salario mínimo ha sido presentado principalmente como una victoria social para los trabajadores y como una apuesta del Gobierno por recuperar el poder adquisitivo. Sin embargo, el señalamiento de Bula obliga a mirar el otro lado de la moneda: la seguridad jurídica y la estabilidad institucional. Un decreto que eventualmente sea tumbado por el Consejo de Estado no solo tendría efectos económicos inmediatos, sino que abriría un precedente delicado sobre la forma en que se toman decisiones de alto impacto nacional.

El exmagistrado fue enfático en recordar que cualquier ciudadano puede demandar el decreto, lo que activaría automáticamente el control del Consejo de Estado. Más aún, advirtió que el alto tribunal podría decretar medidas cautelares, suspendiendo los efectos del aumento mientras se resuelve el fondo del proceso. Ese escenario, de concretarse, generaría una situación compleja tanto para empleadores como para trabajadores, que quedarían en medio de una incertidumbre jurídica y financiera.

El señalamiento de Bula también interpela la narrativa oficial. Si el Gobierno no logra demostrar que el aumento está debidamente sustentado en estudios técnicos rigurosos, el decreto podría ser interpretado como una decisión más política que jurídica. Y en el derecho administrativo colombiano, ese matiz es crucial: las decisiones del Ejecutivo deben ser razonables, proporcionales y debidamente motivadas, especialmente cuando afectan de manera directa la economía nacional y el empleo.

En el trasfondo del debate aparece otro riesgo: el impacto del aumento en la generación de empleo formal y en la informalidad. Aunque este aspecto pertenece al ámbito económico, su eventual materialización también puede convertirse en argumento jurídico, en la medida en que la ley exige evaluar los efectos reales de la decisión. Si se demuestra que el incremento desborda la capacidad del mercado laboral y genera efectos adversos, la defensa del decreto se debilita aún más.

La advertencia de Germán Bula no implica, necesariamente, que el decreto vaya a ser anulado. Pero sí deja claro que el aumento del salario mínimo no está blindado jurídicamente y que su futuro podría definirse en los estrados judiciales. En un país donde las decisiones económicas suelen judicializarse, este pronunciamiento añade presión al Gobierno para sustentar con rigor técnico y legal una medida que, aunque popular, no está exenta de riesgos.

En conclusión, el debate sobre el salario mínimo ya no se limita a cuánto deben ganar los trabajadores, sino a cómo se toman las decisiones en un Estado de derecho. La advertencia del expresidente del Consejo de Estado introduce una dimensión institucional que el Gobierno no puede ignorar: el respaldo social no sustituye el cumplimiento estricto de la ley. Y será, en última instancia, el Consejo de Estado quien determine si el aumento histórico también es jurídicamente sostenible.

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