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Bonifacio Ávila: cuando el boxeo colombiano perdió un luchador que nunca bajó los brazos

La muerte de Bonifacio Ávila no es solo la desaparición física de un exboxeador; es la pérdida de una figura que representa una etapa fundamental del deporte colombiano, marcada por el esfuerzo silencioso, la falta de recursos y la convicción de competir con dignidad en escenarios internacionales. Su nombre, ligado a los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, simboliza a una generación de atletas que abrió camino cuando el deporte nacional aún no contaba con el respaldo institucional ni la visibilidad que hoy se consideran normales.
En primer lugar, Bonifacio Ávila debe ser reconocido como un referente histórico porque llegó al olimpismo en un contexto adverso. Representar a Colombia en Múnich no fue un logro menor: implicó disciplina, sacrificio personal y una enorme fortaleza mental. Enfrentarse a potencias del boxeo mundial sin la preparación tecnológica ni el acompañamiento profesional actual demuestra que su participación no fue producto del azar, sino del mérito deportivo. Aunque no obtuvo una medalla, su presencia en el ring olímpico consolidó la idea de que Colombia podía competir al más alto nivel, incluso en deportes tradicionalmente dominados por otros países.
Además, su trayectoria invita a reflexionar sobre el valor del deporte más allá de los títulos. En una sociedad que suele medir el éxito únicamente en medallas y trofeos, la historia de Ávila recuerda que el verdadero impacto de un deportista también se construye desde el ejemplo. Tras su retiro, supo reinventarse, mantenerse cercano a la gente y conservar el respeto del entorno deportivo y social. Esto demuestra que el legado de un atleta no termina cuando cuelga los guantes, sino que se prolonga en la forma en que inspira a las nuevas generaciones.
Por otra parte, la muerte de Bonifacio Ávila pone en evidencia una deuda pendiente con muchos deportistas históricos del país. Durante años, figuras como él permanecieron en la memoria colectiva solo de manera ocasional, sin el reconocimiento constante que merecen. Su fallecimiento genera homenajes tardíos que, aunque necesarios, deberían transformarse en políticas reales de preservación de la memoria deportiva. Recordar a Ávila no debería limitarse a una noticia, sino convertirse en un ejercicio de valoración permanente del deporte como patrimonio cultural.
Finalmente, la figura de Bonifacio Ávila trasciende el boxeo. Su vida refleja la perseverancia, la humildad y la capacidad de enfrentar la adversidad con dignidad, valores profundamente necesarios en la sociedad actual. En ese sentido, su legado no pertenece únicamente al deporte colombiano, sino al imaginario de un país que necesita referentes auténticos. Reconocer su historia es reconocer que el éxito también se construye desde la lucha constante, aun cuando el reconocimiento no siempre llega a tiempo.

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