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“Ni una gota de petróleo”: la advertencia de Diosdado Cabello y el uso del crudo como arma política

La advertencia lanzada por Diosdado Cabello, uno de los hombres fuertes del chavismo, de que “ni una gota de petróleo puede salir de Venezuela si Estados Unidos agrede al país”, reavivó esta semana el debate sobre el papel del crudo venezolano en la confrontación política y geopolítica que, desde hace años, marca la relación entre Caracas y Washington. Más que una frase incendiaria, la declaración se inscribe en una narrativa histórica donde el petróleo ha sido utilizado no solo como recurso económico, sino como símbolo de soberanía y resistencia.

El pronunciamiento ocurre en un contexto de alta tensión diplomática, en el que el discurso oficial venezolano vuelve a situar a Estados Unidos como una amenaza directa a la autodeterminación nacional. En ese marco, el petróleo —principal activo estratégico del país— reaparece como línea roja: tocarlo sería, en la lógica del chavismo, vulnerar el corazón mismo del proyecto político bolivariano.

Desde una lectura periodística, la afirmación de Cabello cumple varias funciones simultáneas. En primer lugar, busca cohesionar a la base política interna alrededor de un enemigo externo claramente identificado. El llamado a que “ni una gota” salga del país en caso de agresión apela al orgullo nacional y a la memoria histórica de una Venezuela que, durante décadas, vio cómo su riqueza petrolera era administrada bajo fuertes influencias extranjeras. El mensaje no está dirigido únicamente a Washington, sino también a la audiencia doméstica.

Sin embargo, el discurso choca con la compleja realidad económica venezolana. El petróleo sigue siendo la principal fuente de ingresos del país, incluso en medio de sanciones, restricciones y reacomodos del mercado internacional. Esto plantea una tensión evidente entre la retórica de resistencia absoluta y la necesidad práctica de mantener flujos de exportación que sostengan mínimamente la economía nacional. En ese cruce, el crudo deja de ser solo un símbolo político y se convierte en un factor de supervivencia.

La advertencia de Cabello también debe leerse como parte de una estrategia comunicacional más amplia del chavismo, caracterizada por el uso de un lenguaje confrontacional que eleva el tono del conflicto. Este tipo de mensajes refuerzan la imagen de un liderazgo dispuesto a asumir posiciones radicales frente a cualquier forma de presión externa, aun cuando esas posiciones no siempre se traduzcan de manera literal en decisiones operativas.

Desde el plano internacional, la declaración agrega un nuevo elemento de incertidumbre a un escenario energético global ya tensionado. Venezuela posee una de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, y cualquier insinuación de interrupción total del suministro —real o simbólica— genera reacciones en los mercados y en los cálculos estratégicos de los actores involucrados. Aunque la viabilidad de una paralización absoluta sea discutible, el mensaje cumple su objetivo: recordar que el petróleo venezolano sigue siendo una ficha sensible en el tablero geopolítico.

Al mismo tiempo, la advertencia deja ver las contradicciones inherentes a un modelo político que proclama soberanía absoluta mientras enfrenta limitaciones estructurales para ejercer un control pleno sobre su industria energética. Entre sanciones, alianzas cambiantes y negociaciones indirectas, el margen de maniobra real suele ser más estrecho que el que sugiere la retórica oficial.

En definitiva, el “ni una gota de petróleo” de Diosdado Cabello no es solo una frase altisonante. Es la expresión condensada de un conflicto prolongado donde el crudo funciona como símbolo, herramienta de presión y eje de disputa. Refleja, además, la permanente tensión entre discurso político y realidad económica en Venezuela, un país donde el petróleo sigue siendo tanto promesa de soberanía como fuente de vulnerabilidad.

#CANAL CORDOBA

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