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Trump propone un “Consejo de Paz” exclusivo y de pago, y reaviva su choque con el sistema multilateral

La visión de Donald Trump sobre el orden internacional volvió a sacudir el tablero diplomático. El presidente de Estados Unidos propuso la creación de un nuevo organismo global denominado “Consejo de Paz”, una instancia que, lejos de la lógica universal del multilateralismo tradicional, estaría reservada únicamente para los países dispuestos a aportar al menos 1.000 millones de dólares para ingresar. La iniciativa, conocida a través de los estatutos divulgados por la agencia AFP, plantea un esquema de poder altamente centralizado y condicionado por la capacidad financiera de los Estados.

De acuerdo con el documento, Trump sería el presidente inaugural del Consejo y concentraría un rol determinante: tendría la última palabra en las votaciones, la potestad de invitar o excluir países de manera discrecional y la facultad exclusiva de crear, modificar o incluso disolver órganos subsidiarios. Se trata de una arquitectura institucional que rompe con los principios de equilibrio, deliberación colectiva y representación equitativa que caracterizan a organismos como las Naciones Unidas.

El diseño de la membresía refuerza esa lógica selectiva. Aunque el texto establece que los países miembros tendrían un periodo estándar de tres años, representados por sus jefes de Estado o de gobierno, esta regla no aplicaría para aquellos que aporten más de 1.000 millones de dólares en efectivo durante el primer año. En la práctica, esto abre la puerta a una permanencia indefinida para los Estados con mayor músculo financiero, consolidando una jerarquía basada en el dinero y no en la igualdad soberana.

En su preámbulo, el Consejo de Paz se presenta como una alternativa para “promover la estabilidad y garantizar una paz duradera” en regiones afectadas por conflictos armados. Sin embargo, el texto también incluye una crítica directa —aunque implícita— a los actuales mecanismos internacionales de resolución de conflictos, en particular al sistema de Naciones Unidas, al que Trump ha acusado reiteradamente de ineficaz, burocrático y contrario a los intereses estadounidenses.

La propuesta no surge en el vacío. En las últimas semanas, la administración Trump ha anunciado la salida de Estados Unidos de decenas de organismos y tratados vinculados a la ONU, profundizando un distanciamiento que ya se había manifestado durante su primer mandato. Frente a esta ofensiva, voceros del organismo internacional han reiterado que la ONU sigue siendo la única plataforma universal con legitimidad para abordar asuntos de paz y seguridad global.

Desde una perspectiva política, el “Consejo de Paz” refleja con claridad la concepción trumpista de la diplomacia: transaccional, jerárquica y centrada en el poder económico. Bajo este enfoque, la paz deja de ser un bien colectivo sustentado en consensos amplios y pasa a convertirse en un producto gestionado por un grupo reducido de países capaces de pagar su entrada y alinearse con el liderazgo de Washington.

Críticos de la iniciativa advierten que un organismo de estas características podría profundizar la fragmentación del sistema internacional, debilitando aún más los mecanismos multilaterales existentes y generando estructuras paralelas sin legitimidad global. Además, señalan que concentrar tanto poder en una sola figura presidencial contradice los principios básicos de gobernanza internacional y abre la puerta a decisiones arbitrarias.

Aunque por ahora se trata de una propuesta en fase inicial, el anuncio del Consejo de Paz vuelve a confirmar que Donald Trump no busca reformar el orden multilateral, sino sustituirlo por un modelo a su medida. Uno en el que la influencia se compra, la participación se negocia y la paz se administra desde un centro de poder claramente definido. El debate, inevitablemente, ya está servido en la comunidad internacional.

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