Granada en zona de tolerancia reaviva alertas sobre seguridad en el centro de Bogotá

Un nuevo episodio de violencia sacudió la noche bogotana y volvió a poner en el centro del debate la frágil seguridad en sectores históricamente marcados por la ilegalidad y el abandono institucional. Un ataque con un artefacto explosivo en el sector de Santa Fe, en la localidad de Los Mártires, dejó una persona muerta y al menos 13 heridas, en un hecho que genera profunda preocupación por la escalada de violencia urbana en el corazón de la capital.
Según información preliminar de las autoridades, desconocidos lanzaron una granada contra un establecimiento de entretenimiento para adultos ubicado en esta zona de tolerancia. La explosión, de gran potencia, desató escenas de pánico entre trabajadores, residentes y transeúntes, quienes en cuestión de segundos vieron transformarse una noche aparentemente normal en una escena de caos, sirenas y heridos.
La víctima mortal fue identificada como un hombre de 72 años, quien trabajaba como mesero en el lugar atacado. Su muerte pone de relieve el impacto humano de este tipo de hechos, que no solo afectan a quienes están directamente vinculados a economías informales o ilegales, sino también a personas que, por necesidad, encuentran en estos espacios su sustento diario. Los heridos, por su parte, fueron trasladados a centros asistenciales cercanos, donde reciben atención médica; hasta el momento, no se ha informado oficialmente sobre la gravedad de sus lesiones.
El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, confirmó minutos después del atentado que el caso es materia de investigación prioritaria. “Este es un hecho grave que está siendo investigado con todo el rigor”, señaló el mandatario, al tiempo que aseguró que se desplegaron todas las capacidades institucionales para esclarecer los móviles del ataque y dar con los responsables.
Unidades de la Policía Metropolitana, personal antiexplosivos y organismos de emergencia acordonaron la zona y adelantaron labores de inspección judicial. Fuentes oficiales confirmaron que el explosivo fue lanzado directamente contra un burdel, lo que abre varias líneas de investigación relacionadas con disputas criminales, extorsión, control territorial y economías ilegales que históricamente han operado en el sector de Santa Fe.
Este atentado vuelve a poner bajo la lupa una problemática estructural: la persistencia de enclaves urbanos donde confluyen microtráfico, explotación sexual, extorsión y violencia armada, muchas veces alimentadas por redes criminales que se disputan el control del territorio. Pese a los operativos policiales y a los anuncios de intervención integral, estos sectores siguen siendo altamente vulnerables y escenarios recurrentes de hechos violentos.
La administración distrital reforzó la presencia policial en la zona y reiteró el llamado a la ciudadanía para que suministre información que permita identificar a los responsables. Sin embargo, el hecho deja un mensaje inquietante: el uso de explosivos en zonas urbanas densamente pobladas representa un riesgo mayúsculo para la seguridad ciudadana y exige respuestas más allá de la reacción inmediata.
Mientras avanzan las investigaciones, la muerte de un trabajador y las decenas de personas afectadas reabren el debate sobre la necesidad de políticas integrales de seguridad, recuperación social del territorio y control efectivo de las economías criminales. Santa Fe, una vez más, se convierte en el reflejo de una ciudad que lucha por contener la violencia en sus zonas más frágiles, con el desafío permanente de proteger la vida en medio de dinámicas criminales cada vez más agresivas.
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