Bad Bunny hace historia en Medellín: un debut multitudinario que reafirma el poder global de la música urbana

Medellín fue escenario de una noche que ya quedó inscrita en la memoria musical de la ciudad. El primer concierto de Bad Bunny en el Estadio Atanasio Girardot no solo marcó el inicio de sus tres fechas consecutivas en la capital antioqueña, sino que confirmó el lugar de Colombia —y de Medellín en particular— como una de las plazas más sólidas y apasionadas de la música urbana en América Latina. Más de 40.000 asistentes colmaron el escenario deportivo para presenciar un espectáculo que desbordó expectativas y ratificó la dimensión cultural del fenómeno encabezado por el artista puertorriqueño.
Tras varias horas de espera y extensas filas en los accesos, la jornada comenzó con la presentación de Chuwi, cantante boricua encargada de abrir el show y de preparar el terreno para una noche cargada de euforia. Su actuación funcionó como antesala para lo que vendría después: la aparición de Bad Bunny entre luces, gritos y una ovación ensordecedora que evidenció la conexión inmediata entre el artista y el público paisa.
Visiblemente conmovido, el llamado Conejo Malo se tomó unos minutos para hablarle a la multitud, dejando uno de los momentos más genuinos de la noche. “En mi mente no me imaginaba que Medellín iba a estar tan prendido como esta noche. No me lo esperaba así”, expresó, reconociendo la energía de una ciudad que, históricamente, ha sido epicentro del reguetón y semillero de artistas que hoy dominan la escena global. Sus palabras no solo fueron un gesto de gratitud, sino también una confirmación del peso simbólico que Medellín tiene dentro del género.
El concierto arrancó formalmente sobre las 9:00 p. m. con NUEVAYoL, uno de sus temas más coreados, dando inicio a un repertorio de más de 30 canciones que mantuvieron al estadio en constante celebración. A lo largo de la noche, Bad Bunny hizo un recorrido por las distintas etapas de su carrera, combinando éxitos recientes con canciones que marcaron su ascenso, en un show cuidadosamente diseñado para sostener la intensidad emocional del público.
Uno de los picos más altos de la velada llegó con la interpretación de Yo no me quiero casar, tema que el artista había prometido cantar de manera exclusiva en Colombia. El anuncio previo había generado expectativa, pero la respuesta del público superó cualquier previsión: el estadio se convirtió en un coro masivo que celebró el gesto como una muestra de complicidad entre el artista y sus seguidores colombianos.
La sorpresa de la noche rompió las quinielas y especulaciones. Contra todo pronóstico, el invitado especial no fue J Balvin, sino Bomba Estéreo, grupo con el que Bad Bunny interpretó Ojitos Lindos. La colaboración, que mezcla sonidos electrónicos con raíces caribeñas, fue recibida con entusiasmo y reafirmó la capacidad del artista para tender puentes entre distintos universos musicales, más allá de las fronteras estrictas del reguetón.
Otro momento destacado fue el uso de la tarima secundaria conocida como “la casita”, desde donde Bad Bunny se acercó a sus fans a pocos metros de distancia. Allí interpretó canciones como Neverita, generando una atmósfera más íntima dentro de un espectáculo masivo, una estrategia que refuerza la idea de cercanía que el artista cultiva con su público, incluso en escenarios de gran formato.
Antes de despedirse, el puertorriqueño volvió a tomar el micrófono para agradecer el cariño recibido. “Les prometo que esta noche nunca la olvidaré. Colombia, gracias por el amor, por cantar, por bailar. Disfruten las cosas simples de la vida”, dijo, cerrando el show entre aplausos, ovaciones y miles de celulares encendidos.
Más allá del éxito en cifras, el primer concierto de Bad Bunny en Medellín dejó claro que estos eventos trascienden lo musical. Se trata de encuentros culturales que movilizan economías, proyectan a la ciudad a nivel internacional y refuerzan su identidad como capital de la música urbana. Con una primera fecha catalogada como un triunfo rotundo, la expectativa ahora se concentra en el segundo concierto, donde ya se especula con la posible aparición de Arcángel como invitado sorpresa.
Con las puertas del estadio programadas para abrir nuevamente a las 3:00 p. m. y la salida del artista prevista para las 9:00 p. m., Medellín se prepara para otra noche de euforia. Bad Bunny, por su parte, ya dejó una certeza: su paso por la ciudad no será solo una serie de conciertos, sino un capítulo histórico en la relación entre la música urbana y uno de sus públicos más fervientes.
#CANAL CORDOBA



