Murió Salvo Basile, el italiano que llegó al cine colombiano por azar y se quedó por amor a Cartagena

La muerte de Salvatore “Salvo” Basile, ocurrida este 26 de enero, cierra un capítulo fundamental en la historia del cine y la televisión en Colombia. Actor, productor y gestor cultural, Basile llegó al país casi por accidente en 1968, como parte del equipo de la película Quemada, protagonizada por Marlon Brando, pero terminó convirtiéndose en uno de los extranjeros que más profundamente entendió, defendió y promovió la identidad audiovisual colombiana.
Cartagena fue el punto de quiebre. La ciudad no solo lo sedujo desde lo estético y lo cultural, sino que lo ancló emocionalmente a un país que, en ese entonces, apenas comenzaba a consolidar una industria cinematográfica propia. A diferencia de otros profesionales extranjeros que pasaron fugazmente por Colombia, Basile decidió quedarse, trabajar y aportar. Su historia personal terminó convirtiéndose en un símbolo del atractivo cultural del país, al punto de protagonizar uno de los videos más recordados de la campaña oficial “Colombia, el riesgo es que te quieras quedar”.
Durante más de dos décadas, Salvo Basile fue una figura clave en el Festival Internacional de Cine y Televisión de Cartagena de Indias (FICCI), donde integró la junta directiva y ejerció como vicepresidente. Desde allí impulsó muestras, espacios de formación y alianzas que fortalecieron la proyección internacional del cine colombiano. Su rol no fue decorativo: fue un gestor activo, articulador y defensor del festival como plataforma cultural en un país atravesado por crisis políticas y económicas.
La trayectoria profesional de Basile es tan amplia como diversa. En el cine europeo y latinoamericano participó como actor en producciones como Gangster 70, El mercenario y El amor en los tiempos del cólera. Sin embargo, su mayor impacto se dio detrás de cámara, donde trabajó como asistente de dirección y productor ejecutivo en películas que hoy son referentes del cine mundial y latinoamericano, como Queimada, La misión, Crónica de una muerte anunciada, Cobra Verde, Paganini y Grito de piedra.
En Colombia, su aporte se extendió con fuerza a la televisión. Fue productor de RTI, gerente de Cenpro Televisión y participó activamente en producciones del Canal RCN, dejando huella en telenovelas emblemáticas como La luz de mis ojos, Las noches de Luciana y Pobre Pablo. En un momento en que la televisión nacional vivía procesos de transformación y consolidación, Basile aportó experiencia internacional, criterio narrativo y una visión artística poco común para la época.
Más allá de los cargos y los créditos, quienes lo conocieron coinciden en que Salvo Basile fue un puente entre culturas. Supo leer a Colombia sin exotizarla y la defendió desde el rigor profesional, convencido de que el país tenía historias capaces de dialogar con el mundo. En un medio frecuentemente golpeado por la improvisación y la falta de apoyo institucional, su presencia representó constancia, memoria y compromiso.
La muerte de Basile no solo deja un vacío humano, sino también simbólico. Se va uno de los últimos testigos directos de una etapa fundacional del audiovisual colombiano, un extranjero que eligió este país como propio y que trabajó durante décadas para que el cine y la televisión nacionales tuvieran voz, estructura y reconocimiento.
Su legado permanece en las películas, en las series, en los festivales y, sobre todo, en la historia cultural de una Cartagena y una Colombia que él no solo visitó, sino que decidió amar y habitar hasta el final.
#CANAL CORDOBA



