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Tormentas invernales paralizan el cielo de EE. UU.: más de 10.700 vuelos cancelados por ola de frío extremo

La intensa ola de frío que atraviesa Estados Unidos volvió a evidenciar la fragilidad del sistema aéreo frente a fenómenos climáticos extremos. Este domingo 25 de enero, más de 10.700 vuelos fueron cancelados y miles más sufrieron retrasos, en una de las mayores disrupciones de la aviación comercial desde la pandemia, según datos del portal especializado FlightAware. El episodio no solo alteró los planes de millones de viajeros, sino que reabrió el debate sobre la capacidad de respuesta del sector frente a eventos meteorológicos cada vez más frecuentes y severos.

Las tormentas invernales, caracterizadas por una combinación de nieve, aguanieve y lluvia helada, obligaron a cerrar o restringir operaciones en los principales aeropuertos del país. El Servicio Meteorológico Nacional advirtió que el sistema climático afecta a más de la mitad de la población estadounidense, con acumulaciones de nieve de hasta 60 centímetros en ciudades clave como Washington, Nueva York y Boston. En este contexto, la suspensión preventiva de vuelos se convirtió en una medida inevitable para evitar accidentes y proteger a pasajeros y tripulaciones.

Uno de los casos más críticos se registró en el Aeropuerto Nacional Ronald Reagan, en Washington, donde se cancelaron todos los vuelos de salida durante la jornada. Escenarios similares se repitieron en otros grandes centros de conexión aérea, generando un efecto dominó que impactó rutas incluso en regiones no directamente golpeadas por el mal tiempo. La interdependencia del sistema aéreo hizo que la crisis se extendiera rápidamente a nivel nacional.

Las cifras reportadas por las aerolíneas reflejan la magnitud del colapso. American Airlines canceló más de 1.400 vuelos, casi la mitad de su operación diaria; Delta Air Lines suspendió cerca de 1.300; Southwest superó las 1.260 cancelaciones; United Airlines anuló alrededor de 900 trayectos; y JetBlue se vio obligada a cancelar más del 70 % de sus vuelos programados. Estos números no solo representan pérdidas económicas significativas, sino también un golpe a la confianza de los usuarios en la estabilidad del transporte aéreo.

Expertos en logística y aviación advierten que la normalización del sistema tomará varios días. Vikrant Vaze, profesor de Dartmouth, explicó que los retrasos y cancelaciones generan “efectos en cascada” difíciles de revertir en el corto plazo, ya que afectan la ubicación de aeronaves, tripulaciones y conexiones posteriores. En otras palabras, aunque el clima mejore, el impacto operativo persistirá.

Para los pasajeros, la emergencia climática se tradujo en largas esperas, reprogramaciones inciertas y noches atrapados en aeropuertos bajo temperaturas extremas. Algunos viajeros asumieron la situación con resignación, conscientes de que la seguridad debe prevalecer, mientras otros cuestionaron la falta de planes alternos más eficaces ante este tipo de contingencias.

Más allá de la coyuntura, el episodio vuelve a poner sobre la mesa un desafío estructural: la necesidad de fortalecer la resiliencia del sistema aéreo frente al cambio climático. Las tormentas invernales severas, al igual que huracanes y olas de calor, ya no son eventos excepcionales, sino fenómenos recurrentes. En ese escenario, aerolíneas, aeropuertos y autoridades deberán replantear estrategias de operación, inversión e infraestructura para evitar que el cielo estadounidense vuelva a quedar, una y otra vez, completamente en tierra.

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