Colombia

Petro eleva el tono antes de su cita con Trump y presenta el encuentro como decisivo para el futuro global

A pocos días de su reunión con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el mandatario colombiano Gustavo Petro optó por elevar el tono político y simbólico del encuentro, al que calificó como “clave, fundamental y determinante”, no solo para su proyecto político, sino —según afirmó— para el rumbo mismo de la humanidad. Desde la Casa de Nariño, en la noche del martes 27 de enero, Petro delineó la importancia que le atribuye a la cita del próximo 3 de febrero en Washington, dejando claro que no se trata, en su visión, de una reunión protocolaria más.

El pronunciamiento presidencial estuvo cargado de referencias históricas y conceptuales que reflejan la narrativa con la que Petro busca enmarcar la relación bilateral. El jefe de Estado habló de un diálogo “entre dos civilizaciones” y expresó su expectativa de que del encuentro surja un “pacto por la vida”, una idea recurrente en su discurso internacional, especialmente cuando aborda temas como la crisis climática, la desigualdad global y los conflictos armados.

Sin embargo, uno de los pasajes que más polémica generó fue la alusión al lema de “guerra a muerte”, evocando la bandera rojinegra asociada a Simón Bolívar. Aunque el presidente aclaró que no promueve la violencia ni respalda acciones genocidas, la referencia no pasó desapercibida en un país donde los símbolos y consignas históricas suelen leerse a la luz del conflicto armado contemporáneo. La mención reavivó debates sobre los límites entre la retórica histórica y las interpretaciones políticas actuales, especialmente por la similitud del emblema con símbolos utilizados por grupos insurgentes como el ELN.

En su defensa, Petro insistió en que su mensaje apunta a una confrontación de ideas y modelos, no a la violencia física. Según el mandatario, la reunión con Trump representa una oportunidad para debatir el futuro de la humanidad frente a desafíos globales que trascienden las agendas nacionales, como el cambio climático, la migración y la economía mundial. Esta lectura contrasta con la visión más pragmática que tradicionalmente ha caracterizado la relación entre Colombia y Estados Unidos, centrada en cooperación en seguridad, lucha contra el narcotráfico y comercio.

El énfasis del presidente colombiano también revela una apuesta política: proyectarse en el escenario internacional como un líder con voz propia y con ambiciones de incidencia global. Al presentar la cita con Trump como un punto de inflexión histórico, Petro asume el riesgo de sobredimensionar el alcance real del encuentro, pero al mismo tiempo busca posicionar a Colombia como un actor con capacidad de interlocución en debates de alcance planetario.

La expectativa ahora se traslada a Washington, donde el contraste entre el estilo y las prioridades de ambos mandatarios será inevitable. Mientras Petro apela a discursos simbólicos y visiones de largo plazo, Trump es conocido por su enfoque directo, transaccional y centrado en intereses inmediatos. El resultado del encuentro permitirá medir hasta qué punto la retórica presidencial colombiana logra traducirse en acuerdos concretos o si, por el contrario, quedará como un ejercicio de alto contenido político y simbólico, pero de impacto limitado en la relación bilateral.

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