Atentado con explosivos en Ocaña revive la tensión armada en Norte de Santander

El conflicto armado volvió a sacudir a Norte de Santander. En la noche del viernes 6 de febrero, un ataque con explosivos contra el Batallón de Infantería Liviana N.° 15, General Francisco de Paula Santander, en el municipio de Ocaña, dejó dos militares heridos y sembró el pánico entre la población civil. El hecho confirma que, pese a los discursos de paz y los esfuerzos institucionales, la región sigue siendo uno de los epicentros más sensibles de la confrontación armada en el país.
Según el reporte oficial del Ejército Nacional, los responsables del atentado habrían utilizado una volqueta acondicionada con artefactos explosivos, ubicada a aproximadamente 1.200 metros de las instalaciones militares. Las detonaciones se registraron en zonas aledañas al batallón, provocando fuertes explosiones que se escucharon en distintos sectores del municipio y generaron temor entre los habitantes, muchos de los cuales salieron de sus viviendas sin saber qué estaba ocurriendo.
Como consecuencia directa del ataque, dos uniformados resultaron heridos por esquirlas y fueron trasladados al hospital Emiro Quintero Cañizares, donde permanecen bajo observación médica. De acuerdo con las autoridades, su estado es estable y las lesiones no comprometen su vida. El Ejército destacó que la reacción inmediata de las tropas permitió contener la situación y evitar un saldo más grave, tanto para los militares como para la población civil.
En medio de la respuesta de las fuerzas de seguridad, uno de los presuntos implicados murió y otro fue capturado. Las autoridades atribuyen el atentado al Frente Carlos Armando Cacua Guerrero de un grupo armado ilegal, señalando que la acción sería una retaliación por recientes operaciones militares adelantadas en el municipio de Tibú, una de las zonas más golpeadas por la violencia en el Catatumbo.
Este nuevo hecho violento se produce en un contexto de alta tensión regional, marcado por enfrentamientos, ataques a la Fuerza Pública y amenazas constantes contra la seguridad ciudadana. Ocaña, por su ubicación estratégica, se ha convertido históricamente en un punto clave para el accionar de estructuras armadas ilegales, lo que explica la reiteración de hechos de este tipo y la permanente preocupación de las autoridades y de la comunidad.
Tras las explosiones, se activó un amplio dispositivo de seguridad en el municipio. Unidades especializadas del Grupo Marte adelantan labores de inspección y verificación para descartar la presencia de nuevos artefactos explosivos, mientras que las autoridades locales declararon a Ocaña en máxima alerta y reforzaron los controles en puntos estratégicos, vías de acceso y zonas consideradas de alto riesgo.
Más allá del balance operativo, el atentado reabre el debate sobre la situación de orden público en Norte de Santander y los desafíos que enfrenta el Estado para garantizar la seguridad en territorios donde confluyen economías ilegales, presencia de grupos armados y una población civil atrapada en medio del fuego cruzado. Para los habitantes de Ocaña, el ataque no solo dejó heridos y daños materiales, sino una sensación persistente de vulnerabilidad que se repite cada vez que la violencia vuelve a tocar la puerta de la ciudad.
Mientras avanzan las investigaciones para esclarecer plenamente los hechos y judicializar a los responsables, el ataque contra el batallón se suma a una larga lista de acciones que evidencian que la paz en esta región sigue siendo frágil y que la protección de la población y de la Fuerza Pública continúa siendo uno de los mayores retos para el país.
#CANAL CORDOBA



