Montería invierte $18.850 millones en maquinaria propia: apuesta por autonomía operativa tras la emergencia

En una decisión que redefine la capacidad de respuesta municipal, el alcalde Hugo Kerguelén García anunció que Montería adquirirá su propio banco de maquinaria amarilla para enfrentar futuras contingencias y acelerar la recuperación vial tras las recientes inundaciones. La inversión inicial asciende a $18.850 millones e incluye retroexcavadoras, motoniveladoras y volquetas, equipos que hasta ahora debían ser alquilados a terceros.
La medida se enmarca dentro del plan de choque pos-emergencia que se activará una vez descienda el nivel del Río Sinú. Según la administración municipal, los nuevos equipos operarán de forma permanente en el casco urbano para rehabilitar vías deterioradas por la temporada de lluvias. El presupuesto no solo contempla la compra de los vehículos pesados, sino también su operación, mantenimiento durante tres meses y la adquisición de materiales necesarios para bacheo y nivelación.
Desde una perspectiva administrativa, la decisión apunta a reducir la dependencia contractual en momentos críticos. En emergencias recientes, los tiempos de alquiler, la disponibilidad de equipos y los costos asociados han condicionado la velocidad de intervención. Al contar con activos propios, el municipio busca acortar la brecha entre la declaratoria de urgencia y la ejecución de obras.
El alcalde fue enfático: “No dependeremos de terceros”. Más allá del mensaje político, la frase resume una apuesta por fortalecer la autonomía institucional. En ciudades intermedias como Montería, donde las variaciones climáticas impactan con frecuencia la infraestructura vial, disponer de maquinaria propia puede traducirse en mayor capacidad preventiva y no solo reactiva.
No obstante, la adquisición también plantea interrogantes legítimos sobre sostenibilidad financiera y eficiencia en el largo plazo. La maquinaria pesada requiere mantenimiento constante, operadores capacitados y planificación técnica para evitar su subutilización. La clave estará en integrar estos equipos a un plan estructural de mantenimiento vial y gestión del riesgo, más allá de la coyuntura actual.
En términos estratégicos, la compra marca un giro en la política local de atención a desastres. En lugar de activar contratos de emergencia cada vez que el clima afecta la infraestructura, la administración propone consolidar un parque automotor institucional que pueda intervenir de inmediato. Esta lógica preventiva puede generar ahorros futuros y mayor control sobre los tiempos de ejecución.
El contexto reciente de inundaciones dejó en evidencia la fragilidad de algunas vías urbanas y la necesidad de intervenciones rápidas para restablecer la movilidad. En ese escenario, disponer de retroexcavadoras y motoniveladoras propias puede acelerar la rehabilitación de calles, reducir costos de intermediación y fortalecer la capacidad logística municipal.
Desde el enfoque periodístico, la decisión debe analizarse en doble vía: como una respuesta necesaria a una coyuntura crítica y como un precedente de gestión pública que deberá medirse por resultados. Si la maquinaria se convierte en herramienta permanente de mantenimiento y prevención, la inversión podría consolidarse como un acierto estratégico. Si, por el contrario, termina infrautilizada, el debate sobre eficiencia será inevitable.
Montería apuesta por transformar la experiencia de la emergencia en una oportunidad para robustecer su capacidad operativa. La ciudad busca pasar de la reacción a la anticipación. El éxito de esta iniciativa dependerá de la transparencia en la ejecución, la planeación técnica y la continuidad administrativa que garantice que estos nuevos “fierros” no sean solo una respuesta coyuntural, sino un pilar estructural en la gestión del riesgo y la infraestructura urbana.
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