Montería responde unida a la emergencia: solidaridad ciudadana y corresponsabilidad, claves en medio de las inundaciones

En medio de la ola invernal que golpea a Montería, la emergencia no solo ha dejado calles anegadas y viviendas afectadas; también ha revelado una capacidad colectiva de reacción que trasciende cualquier protocolo oficial. Mientras las lluvias elevan el nivel de riesgo en distintos barrios, la ciudadanía ha asumido un papel protagónico, convirtiendo la adversidad en una demostración palpable de solidaridad.
Vecinos auxiliando a vecinos, jóvenes cargando mercados y enseres, líderes comunitarios organizando jornadas de apoyo y familias abriendo sus puertas para ofrecer refugio son escenas que se repiten en diferentes sectores de la ciudad. La contingencia ha golpeado con fuerza, pero también ha puesto en evidencia que la respuesta social no depende exclusivamente de la institucionalidad, sino de la conciencia colectiva.
La emergencia ha dejado afectaciones materiales importantes, pero ha permitido observar cómo la cooperación espontánea fortalece el tejido social en momentos críticos. Cuando el agua invade patios y salas, la reacción inmediata no siempre es esperar ayuda externa, sino tender la mano al más cercano. Esa red informal de apoyo, construida sobre la confianza barrial, ha sido determinante para enfrentar las primeras horas de cada creciente.
En este contexto, también ha sido visible el trabajo operativo de la empresa Urbaser, cuyos equipos han intensificado labores de recolección de residuos y limpieza en puntos críticos. Con jornadas extendidas y presencia permanente en sectores afectados, sus operarios han contribuido a despejar canales y evitar que la acumulación de basuras agrave la situación. En temporada invernal, la gestión de residuos deja de ser un servicio rutinario y se convierte en un componente esencial de mitigación del riesgo.
No obstante, la respuesta frente a la crisis no puede limitarse a la acción institucional o empresarial. La corresponsabilidad ciudadana es un factor decisivo. Arrojar basura en calles, canales o vías públicas durante la temporada de lluvias no es un acto aislado ni inofensivo: un residuo mal dispuesto puede obstruir un drenaje y multiplicar los daños en cuestión de horas. Una bolsa plástica puede transformarse en un tapón; un mueble abandonado puede alterar el flujo del agua y provocar desbordamientos.
La emergencia actual obliga a replantear hábitos cotidianos. Cuidar el espacio público no es solo una cuestión de estética urbana, sino de prevención. En ciudades atravesadas por cuerpos de agua y con sistemas de drenaje que pueden verse fácilmente sobrepasados, la disposición adecuada de residuos se convierte en una herramienta concreta para reducir riesgos.
Montería enfrenta un reto climático recurrente, pero también demuestra que la resiliencia no se construye únicamente con maquinaria o recursos económicos. Se construye con cultura ciudadana, disciplina colectiva y sentido de pertenencia. La solidaridad vista en estos días es un activo social que debe preservarse más allá de la emergencia.
Hoy, no arrojar basura es mucho más que cumplir una norma: es un acto de empatía con el vecino que puede resultar afectado aguas abajo. En tiempos de lluvias intensas, cada decisión individual tiene impacto colectivo. Y en esa ecuación, la responsabilidad compartida puede marcar la diferencia entre una contingencia controlada y una crisis mayor.
#CANAL CORDOBA



