Lluvias amenazan la cosecha: MinAgricultura y Dignidad Agropecuaria alertan sobre riesgo de desabastecimiento de arroz

La emergencia climática que golpea las cuencas de los ríos Sinú y San Jorge encendió las alertas en el sector agropecuario colombiano. Durante un debate de control político en la Comisión Tercera del Senado, la ministra de Agricultura, Martha Carvajalino, reconoció que las intensas lluvias están afectando de manera directa la producción arrocera del primer semestre y podrían generar dificultades en el abastecimiento nacional.
“Hoy el arroz de Córdoba, no estoy segura pueda salir, eso va a impactar esta cosecha del primer semestre”, afirmó la funcionaria, al advertir que las inundaciones y los daños en infraestructura vial y productiva están interrumpiendo la cadena de comercialización. El señalamiento no es menor: Córdoba es uno de los territorios estratégicos en la producción del cereal, básico en la canasta familiar colombiana.
La Mojana y el ciclo interrumpido
A la situación en Córdoba se suma la crisis en la subregión de La Mojana, donde el periodo tradicionalmente seco —clave para los ciclos de siembra— fue alterado por precipitaciones intensas. Según la ministra, los calendarios agrícolas se vieron abruptamente interrumpidos, obligando a replantear proyecciones de cosecha y análisis de inventarios.
La advertencia se produce en el marco de la emergencia económica, social y ecológica declarada por el Gobierno Nacional, un instrumento constitucional que busca agilizar la respuesta estatal ante fenómenos extraordinarios. No obstante, la preocupación radica en el corto margen de tiempo: el país debe recuperar y restablecer los sistemas productivos antes del 20 de abril, cuando inicia un nuevo ciclo de lluvias que podría agravar la situación.
Desde una perspectiva periodística, el escenario plantea un riesgo estructural: la variabilidad climática no solo afecta la producción puntual, sino que desestabiliza la planificación agrícola, eleva costos y reduce márgenes de maniobra para los productores.
El llamado del sector productivo
El pronunciamiento oficial fue respaldado —y endurecido— por el presidente de Dignidad Agropecuaria, Óscar Gutiérrez, quien solicitó al Gobierno destinar al menos 25.000 millones de pesos adicionales en apoyos y subsidios para el sector arrocero.
“Si el Presidente quiere garantizar la seguridad y soberanía alimentaria, debe destinar al menos $25.000 millones adicionales”, sostuvo el dirigente, al señalar que la cifra es marginal frente al presupuesto nacional, pero determinante para evitar la quiebra de productores. El planteamiento subraya una tensión recurrente en la política agrícola: la brecha entre las declaratorias de emergencia y la disponibilidad real de recursos para el campo.
Gutiérrez insistió en que los apoyos deben cubrir a pequeños, medianos y grandes productores sin distinción, con medidas concretas y de ejecución inmediata. El argumento del gremio es claro: sin liquidez y sin garantías de comercialización, la recuperación productiva será inviable.
Seguridad alimentaria en juego
El arroz no es un cultivo cualquiera. Se trata de uno de los principales alimentos de consumo masivo en Colombia, con impacto directo en el costo de vida y en la estabilidad de la canasta básica. Cualquier alteración significativa en su oferta puede traducirse en incrementos de precios y presiones inflacionarias.
Más allá de la coyuntura, el episodio evidencia la vulnerabilidad del sistema agroalimentario frente a fenómenos climáticos cada vez más extremos. La discusión trasciende la asignación puntual de recursos y se adentra en la necesidad de fortalecer infraestructura de riego y drenaje, modernizar vías terciarias y promover seguros agropecuarios que mitiguen riesgos.
El reto inmediato es evitar un desabastecimiento en el primer semestre. El desafío de fondo, sin embargo, es construir un modelo productivo resiliente que permita al país enfrentar la variabilidad climática sin comprometer su seguridad alimentaria.
Mientras el Gobierno evalúa los recursos solicitados y los agricultores aguardan decisiones concretas, la temporada de lluvias continúa marcando el ritmo de una crisis que podría sentirse no solo en el campo, sino también en las mesas de millones de colombianos.
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