Agroeconómica

Crisis en los granos: desplome de cultivos en 2025 agudiza dependencia alimentaria de Colombia

El sector agrícola colombiano enfrenta una señal de alarma que no puede pasar desapercibida. La caída generalizada en la producción de cereales, leguminosas y soya durante 2025, revelada por la Fenalce, no solo refleja un retroceso productivo, sino que expone las debilidades estructurales del campo y su impacto directo en la seguridad alimentaria del país.

Las cifras son contundentes. Cultivos estratégicos como el sorgo registraron una caída del 72%, seguido por el haba (-48%), la arveja (-30%) y el fríjol arbustivo (-17%). Incluso productos básicos como el maíz blanco, fundamental en la dieta nacional, disminuyeron su producción en un 12%. Este comportamiento no es aislado, sino parte de una tendencia que también se refleja en la reducción de áreas sembradas, lo que anticipa posibles dificultades en los próximos ciclos agrícolas.

El problema va más allá de un mal año productivo. Según el gremio, factores como los altos costos de insumos, la volatilidad de los precios, las condiciones climáticas adversas y la falta de infraestructura adecuada han desincentivado la siembra. A esto se suma la ausencia de seguros agropecuarios competitivos, lo que deja a los productores expuestos a riesgos que terminan afectando su rentabilidad y permanencia en el sector.

Desde una perspectiva periodística, uno de los elementos más preocupantes es el aumento de la dependencia externa. En 2025, Colombia cubrió el 88% de su demanda de granos mediante importaciones, mientras que la producción nacional apenas alcanzó el 12%. En el caso del trigo, la dependencia es prácticamente total. Este escenario no solo compromete la soberanía alimentaria, sino que expone al país a la volatilidad de los mercados internacionales y a factores geopolíticos que pueden alterar el suministro.

La situación evidencia una desconexión entre el potencial agrícola del país y las condiciones reales en las que operan los productores. Colombia cuenta con tierras, clima y recursos suficientes para fortalecer su producción de granos, pero carece de una política integral que articule financiamiento, tecnología, asistencia técnica e infraestructura.

Las declaraciones de los representantes del sector apuntan precisamente a esa necesidad de cambios estructurales. Incrementar la producción no depende únicamente de la voluntad de los agricultores, sino de un ecosistema que permita competir en igualdad de condiciones frente a los productos importados, que muchas veces llegan al país con subsidios o menores costos de producción.

Otro aspecto clave es el impacto social de esta crisis. La reducción en la siembra y producción afecta directamente el empleo rural, la economía de pequeños y medianos productores y, en última instancia, el precio de los alimentos para los consumidores. En un contexto de inflación y presión sobre el costo de vida, este tipo de escenarios puede agravar la situación de millones de hogares.

En conclusión, la caída en la producción de granos durante 2025 no es un fenómeno coyuntural, sino el reflejo de problemas estructurales que requieren atención urgente. Sin una estrategia clara que fortalezca la producción nacional, Colombia seguirá dependiendo del mercado externo para abastecer su demanda alimentaria, comprometiendo su estabilidad económica y su capacidad de respuesta ante futuras crisis globales.

#CANAL CORDOBA

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