Agroeconómica

Vivienda en crisis: choque entre el Gobierno y Camacol expone las fisuras del modelo económico

El encarecimiento de la vivienda en Colombia dejó de ser un fenómeno exclusivamente económico para convertirse en un nuevo campo de disputa política. El reciente cruce entre el presidente Gustavo Petro y Camacol no solo refleja diferencias técnicas sobre las causas de la crisis del sector, sino que pone en evidencia una lectura opuesta sobre el rumbo económico del país.

Desde la Casa de Nariño, la explicación es directa: el aumento de las tasas de interés ha encarecido el crédito hipotecario, reduciendo la capacidad de compra de los hogares. Bajo esta lógica, el problema estaría anclado en la política monetaria y en las condiciones del sistema financiero, factores que, según el mandatario, limitan el acceso a la vivienda y frenan la dinámica del sector constructor.

Sin embargo, la respuesta del gremio constructor introduce un matiz estructural que complejiza el debate. Para Camacol, las tasas de interés no son la causa, sino la consecuencia de un deterioro fiscal que ha elevado la percepción de riesgo sobre la economía colombiana. En este enfoque, el aumento del déficit y de la deuda pública estaría presionando el costo del financiamiento, afectando tanto a constructores como a compradores.

La confrontación, más allá del cruce de cifras —entre deuda bruta y deuda neta—, revela una tensión de fondo: la desconexión entre política económica y política sectorial. Mientras el Gobierno enfatiza en factores externos o financieros, el gremio advierte sobre decisiones internas, como la reducción de subsidios a programas de vivienda social, que han impactado directamente la demanda, especialmente en los hogares de menores ingresos.

El resultado de esta divergencia es tangible. La caída en las ventas, el desistimiento de más de 100.000 familias en la compra de vivienda de interés social y la desaceleración en el inicio de nuevos proyectos configuran un escenario preocupante. No se trata únicamente de cifras: la construcción es uno de los principales motores de empleo en Colombia, por lo que su debilitamiento tiene efectos en cadena sobre la economía.

Desde una perspectiva periodística, el debate también deja ver un problema recurrente en la discusión pública: la simplificación de fenómenos complejos. Reducir la crisis a un único factor —ya sean las tasas de interés o el déficit fiscal— ignora la naturaleza multifactorial del mercado de vivienda, donde confluyen variables como el acceso al crédito, la política pública, la confianza inversionista y la capacidad adquisitiva de los hogares.

Además, el tono del enfrentamiento político introduce un riesgo adicional: la incertidumbre. Cuando los principales actores no logran construir un diagnóstico común, se debilita la confianza del mercado, un elemento clave en sectores intensivos en inversión como la construcción.

En este contexto, la discusión debería trascender el señalamiento mutuo y avanzar hacia soluciones integrales. La reactivación del sector exige una combinación de medidas: estabilidad macroeconómica, políticas de subsidio focalizadas, condiciones de crédito más accesibles y un entorno de confianza que incentive la inversión.

El pulso entre Gustavo Petro y Camacol, lejos de ser un episodio aislado, se convierte en un síntoma de las tensiones que atraviesa la economía colombiana. En juego no está solo el precio de la vivienda, sino la capacidad del país para articular políticas coherentes que respondan a una de las necesidades más básicas de la población: tener un hogar.

#CANAL CORDOBA

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