Huevos baratos, productores en crisis: la paradoja del mercado avícola colombiano

El precio del huevo en Colombia, uno de los más bajos del mundo, revela una paradoja que va más allá de la aparente ventaja para el consumidor: detrás de los $500 por unidad se esconde una crisis silenciosa que golpea la sostenibilidad del sector avícola. Mientras en países como Suiza o Noruega un huevo puede superar los $2.000, en el mercado colombiano el bajo costo no necesariamente es sinónimo de eficiencia, sino de una sobreoferta que ha llevado a muchos productores a operar a pérdida.
La comparación internacional evidencia una brecha significativa. En economías desarrolladas, los altos precios responden a factores estructurales como el costo de vida, estándares sanitarios exigentes y cadenas logísticas más complejas. Sin embargo, en Colombia el fenómeno es distinto: el abaratamiento del producto está directamente relacionado con un desequilibrio entre oferta y demanda, agravado por decisiones productivas que, en su momento, parecían estratégicas.
La extensión del ciclo de vida de las gallinas ponedoras de 80 a 100 semanas, sumada a la caída en los precios internacionales de insumos como el maíz y la soya, incentivó un aumento en la producción que hoy desborda la capacidad del mercado interno. Este exceso ha presionado los precios a la baja hasta niveles donde la rentabilidad desaparece, configurando un escenario crítico para los avicultores.
Desde una perspectiva periodística, el problema no es únicamente económico, sino estructural. La alta informalidad —con más de 3.100 pequeños y medianos productores operando sin marcas consolidadas— genera un mercado fragmentado, donde el precio diario se convierte en el único regulador. En este contexto, la capacidad de negociación es prácticamente nula, dejando a los productores expuestos a las fluctuaciones del mercado sin herramientas de protección.
El contraste con otros países de América Latina también resulta revelador. Aunque la región maneja precios más bajos que Europa, naciones como Uruguay, Argentina o Chile mantienen valores superiores a los colombianos, lo que sugiere que el problema local no radica únicamente en el nivel de ingresos, sino en la dinámica interna del sector.
A pesar de este panorama, el consumo interno ofrece una señal positiva. Con un promedio cercano a 365 huevos por persona al año, Colombia se posiciona como uno de los mayores consumidores de este alimento básico. No obstante, este nivel de demanda no ha sido suficiente para absorber la sobreproducción, lo que refuerza la necesidad de ajustes en la estructura productiva.
El rol de Fenavi será determinante en este proceso. El gremio proyecta una recuperación hacia la segunda mitad del año, condicionada al retorno de los ciclos biológicos tradicionales y a una mejor alineación entre oferta y demanda. Sin embargo, este ajuste no será inmediato ni exento de costos, especialmente para los pequeños productores que ya enfrentan márgenes negativos.
En el fondo, la situación del huevo en Colombia plantea una discusión más amplia sobre la sostenibilidad del agro. Precios bajos pueden beneficiar al consumidor en el corto plazo, pero si comprometen la viabilidad de los productores, terminan generando riesgos para la seguridad alimentaria en el mediano y largo plazo.
La aparente bonanza de precios accesibles, entonces, esconde una fragilidad estructural. El desafío para el país no es solo mantener el huevo barato, sino garantizar que su producción sea rentable, sostenible y capaz de resistir los ciclos del mercado. Porque cuando producir deja de ser viable, el problema deja de ser del productor y se convierte en un asunto de todos.
#CANAL CORDOBA



