Agua que no se detiene: la apuesta por la continuidad del servicio en Lorica pese a los cortes eléctricos

Garantizar el acceso continuo al agua potable en municipios intermedios sigue siendo uno de los grandes retos de la prestación de servicios públicos en Colombia. En ese escenario, la situación de Santa Cruz de Lorica ha sido durante años un reflejo de una problemática estructural: interrupciones eléctricas que, de manera casi automática, se traducían en la suspensión del suministro de agua, afectando la vida cotidiana de miles de habitantes. La reciente confirmación de que este riesgo ha sido mitigado marca un punto de inflexión en la gestión del acueducto local.
La afirmación de Aqualia, operador del servicio, sobre la capacidad de garantizar agua potable incluso en medio de cortes de energía no es un dato menor. Representa un cambio en la lógica de operación del sistema, que pasa de ser vulnerable a las fallas externas a contar con mecanismos de respaldo que aseguran la continuidad del servicio. En términos prácticos, esto significa que hogares, instituciones educativas, centros de salud y comercios ya no dependerán exclusivamente de la estabilidad del fluido eléctrico para acceder a un recurso esencial.
Desde una mirada periodística, este avance debe analizarse más allá del anuncio técnico. El agua potable no es solo un servicio más: es un derecho fundamental cuya interrupción tiene consecuencias directas en la salud pública, la higiene y la dignidad de las personas. En contextos donde los cortes eléctricos son frecuentes, la falta de agua amplifica los problemas sociales y profundiza la sensación de abandono institucional. Por ello, cualquier mejora que reduzca esa vulnerabilidad adquiere una relevancia social significativa.
Las obras de optimización realizadas en el sistema de captación y tratamiento evidencian una apuesta por la resiliencia de la infraestructura. Incorporar plantas eléctricas de respaldo y fortalecer los procesos internos de la planta de tratamiento no solo responde a una necesidad inmediata, sino que apunta a una visión de largo plazo: la de un servicio público capaz de anticiparse a las contingencias y no limitarse a reaccionar cuando el problema ya está instalado.
Sin embargo, este avance también invita a una reflexión crítica. Durante años, los habitantes de Lorica convivieron con la incertidumbre de no saber cuándo habría agua en sus hogares, especialmente durante mantenimientos eléctricos o fallas imprevistas. La pregunta inevitable es por qué soluciones de este tipo tardan tanto en materializarse, cuando el impacto de la intermitencia del servicio era ampliamente conocido. El caso evidencia las brechas históricas en inversión y planificación que afectan a muchos municipios fuera de los grandes centros urbanos.
Otro aspecto relevante es el efecto que la continuidad del servicio tiene en la confianza ciudadana. Cuando el agua llega de manera constante, se fortalece la relación entre la comunidad y el operador del servicio, así como la percepción de que los recursos públicos o privados destinados a infraestructura sí generan resultados tangibles. Esa confianza es clave para avanzar en otros procesos, como la cultura de pago y el cuidado del sistema.
Desde el punto de vista del desarrollo local, contar con un acueducto más estable también impacta la economía. Comercios, restaurantes y pequeñas industrias dependen del agua para operar con normalidad. La certeza en el suministro reduce pérdidas, mejora la productividad y crea condiciones más favorables para el crecimiento económico del municipio.
En conclusión, la capacidad de garantizar agua potable en Lorica pese a las interrupciones eléctricas no debe entenderse como un logro aislado, sino como un paso necesario hacia la modernización de los servicios públicos en la región. Es una muestra de que la inversión en infraestructura resiliente sí transforma la vida de las comunidades. El reto ahora es que este tipo de avances se mantengan en el tiempo y se extiendan a otros municipios, para que el acceso al agua deje de ser una preocupación recurrente y se consolide, finalmente, como un derecho plenamente garantizado.
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