Alerta climática: modelos europeos advierten posible Súper El Niño en 2026 con impacto en el agro y la energía

Las proyecciones climáticas internacionales vuelven a encender las alarmas en Colombia. Modelos del Centro Europeo de Pronósticos Meteorológicos a Medio Plazo advierten la posible formación de un Súper El Niño hacia finales de 2026, un evento que, de consolidarse, podría ubicarse entre los más intensos registrados en la historia reciente.
El fenómeno de El Niño, caracterizado por el calentamiento anómalo del océano Pacífico ecuatorial, podría alcanzar temperaturas superiores a los 2,5 °C por encima de lo normal. Este umbral lo acercaría —o incluso superaría— a episodios críticos como los de 1982, 1997 y 2015, que dejaron profundas afectaciones económicas, sociales y ambientales en el país.
Sin embargo, el escenario aún no es definitivo. Los expertos coinciden en que el comportamiento del fenómeno atraviesa un periodo de alta incertidumbre conocido como la “barrera de la primavera”, una fase en la que los modelos climáticos presentan mayor variabilidad. Esta condición obliga a interpretar las proyecciones con cautela, sin perder de vista el potencial riesgo que representan.
Más allá de la incertidumbre, el posible impacto en Colombia es claro. Las regiones Caribe, Andina y parte de la Pacífica serían las más vulnerables ante una eventual reducción de lluvias y el incremento sostenido de las temperaturas. Este patrón climático tiene efectos directos sobre el campo, donde la disponibilidad de agua es determinante para la productividad.
El sector agropecuario sería uno de los más golpeados. La disminución de precipitaciones afecta los ciclos de siembra, reduce el rendimiento de los cultivos y eleva los costos de producción. En un país donde buena parte de la economía rural depende de condiciones climáticas estables, un evento de esta magnitud podría traducirse en pérdidas significativas y presiones inflacionarias, especialmente en los alimentos.
A esto se suma el impacto sobre el sistema energético. Colombia depende en gran medida de la generación hidroeléctrica, lo que la hace particularmente vulnerable a la reducción de los niveles en los embalses. Un Súper El Niño podría poner en tensión la oferta energética, obligando al uso de fuentes térmicas más costosas y contaminantes.
El riesgo también se extiende al aumento de incendios forestales, la escasez de agua potable y las afectaciones a ecosistemas estratégicos. Estos efectos, aunque recurrentes en eventos de El Niño, tienden a intensificarse cuando se trata de episodios extremos.
En este contexto, la discusión no debería centrarse únicamente en la probabilidad del fenómeno, sino en la capacidad de preparación del país. La experiencia de eventos anteriores ha demostrado que la falta de planificación agrava los impactos. La gestión del riesgo, la planificación hídrica y la adaptación del sector productivo son elementos clave para mitigar los efectos de un eventual Súper El Niño.
El monitoreo constante de las variables oceánicas y atmosféricas será determinante en los próximos meses. Pero más allá de la evolución del fenómeno, el verdadero desafío radica en anticiparse. Colombia no puede darse el lujo de reaccionar tarde ante un evento que, incluso en su escenario moderado, ya representa una amenaza significativa.
La advertencia está sobre la mesa. Entre la incertidumbre científica y la experiencia histórica, el país se enfrenta a una disyuntiva conocida: esperar a que el fenómeno se confirme o prepararse desde ahora para minimizar sus impactos. En materia climática, la diferencia entre ambas decisiones suele medirse en costos económicos… y en la capacidad de resiliencia de toda una nación.
#CANAL CORDOBA



