Avistamiento de oso de anteojos en los Farallones de Cali refuerza llamado a proteger la biodiversidad andina

El reciente registro de un oso de anteojos en el sector El Danubio, zona ubicada en el área de conservación de los Farallones de Cali, volvió a poner en el centro del debate público la importancia de proteger los ecosistemas estratégicos del suroccidente colombiano. El hallazgo fue confirmado por el alcalde de Cali, Alejandro Eder, quien informó a través de la red social X que el animal fue captado por una cámara trampa instalada en la zona.
El protagonista de este avistamiento es el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), la única especie de oso presente en Sudamérica y uno de los símbolos más representativos de los ecosistemas andinos. Su presencia no solo confirma la riqueza biológica de la región, sino que también evidencia que los corredores ecológicos aún mantienen condiciones adecuadas para su supervivencia.
Desde una perspectiva ambiental, el registro adquiere un valor estratégico. El oso de anteojos es considerado una especie clave para la conservación de páramos y bosques de niebla, ecosistemas que cumplen una función vital en la regulación hídrica y el abastecimiento de agua para millones de personas. Su papel como dispersor de semillas lo convierte en un “jardinero natural”, facilitando la regeneración de los bosques y contribuyendo al equilibrio ecológico.
Expertos coinciden en que la aparición de esta especie en zonas protegidas es una señal positiva, pero también un recordatorio de los desafíos que enfrenta. La expansión urbana, la deforestación y la presión sobre áreas de reserva continúan siendo amenazas latentes. En ese sentido, el avistamiento no debe entenderse únicamente como una noticia alentadora, sino como una oportunidad para fortalecer políticas de conservación y educación ambiental.
El hecho también subraya la importancia de las tecnologías de monitoreo, como las cámaras trampa, que permiten estudiar la fauna sin interferir en su comportamiento natural. Este tipo de herramientas se ha convertido en un aliado fundamental para las autoridades ambientales y organizaciones de conservación.
Más allá del entusiasmo que genera la presencia de una especie emblemática, el mensaje es claro: la biodiversidad del Valle del Cauca sigue viva, pero requiere compromiso colectivo. La conservación no depende exclusivamente de decretos o anuncios oficiales, sino de una cultura ciudadana que respete los hábitats naturales y comprenda que la protección de especies como el oso de anteojos está directamente ligada a la seguridad hídrica y climática de la región.
El registro en El Danubio es, en esencia, una fotografía de esperanza. Pero también es un llamado urgente a proteger los ecosistemas que hacen posible que especies como el Tremarctos ornatus continúen habitando las montañas del suroccidente colombiano.
#CANAL CORDOBA



