Cáncer en Colombia: menos muertes, pero un reto aún pendiente para el sistema de salud

En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, el Instituto Nacional de Cancerología (INC) puso sobre la mesa un balance que, aunque muestra avances, confirma que el país sigue enfrentando profundas brechas en la prevención, el diagnóstico oportuno y el tratamiento integral de esta enfermedad. Cada año, en Colombia se detectan entre 114.000 y 115.000 nuevos casos de cáncer, una cifra que refleja no solo el impacto creciente de la enfermedad, sino también los desafíos estructurales de un sistema de salud que aún no logra responder con la eficacia necesaria.
La mortalidad sigue siendo uno de los indicadores más preocupantes. Con una tasa de 66 muertes por cada 100.000 habitantes, Colombia presenta una situación paradójica: tiene una incidencia intermedia de cáncer frente a regiones como Europa o Norteamérica, pero una proporción de fallecimientos significativamente mayor. Así lo explicó Carolina Wiesner Ceballos, directora general del INC, al señalar que, mientras países como Estados Unidos, Canadá o Australia reportan más casos, logran salvar más vidas gracias a sistemas robustos de detección temprana y acceso oportuno a tratamientos de calidad.
Este contraste deja en evidencia que el problema no radica únicamente en cuántas personas se enferman, sino en cómo y cuándo el sistema de salud responde. El diagnóstico tardío sigue siendo una constante en amplias zonas del país, especialmente en regiones apartadas, donde el acceso a exámenes especializados y a servicios oncológicos es limitado. A esto se suma la fragmentación en la atención, las demoras administrativas y las barreras económicas que enfrentan muchos pacientes.
El incremento sostenido de casos, según el INC, está estrechamente ligado al envejecimiento de la población y al aumento del índice de desarrollo humano. “Vivimos más y eso aumenta el riesgo”, explicó Wiesner, recordando que el cáncer es una enfermedad asociada en gran medida a la edad. Sin embargo, este factor demográfico no puede convertirse en una excusa para la inacción. Por el contrario, refuerza la urgencia de fortalecer las estrategias de prevención, promoción de hábitos saludables y detección temprana.
En ese sentido, el país ha logrado algunos avances. Entre 1997 y 2023, la tasa de mortalidad por cáncer se redujo de 76 a 66 muertes por cada 100.000 habitantes. Aunque la disminución es moderada, demuestra que las políticas públicas, cuando se sostienen en el tiempo, pueden generar impactos positivos. No obstante, el ritmo de mejora sigue siendo lento frente a la magnitud del problema.
Los tipos de cáncer que más vidas cobran en Colombia revelan, además, brechas evitables. El cáncer de mama y de cuello uterino, por ejemplo, cuentan con métodos de detección temprana ampliamente conocidos, pero continúan figurando entre las principales causas de muerte, lo que evidencia fallas en cobertura, educación y acceso. A ellos se suman el cáncer de próstata, estómago, colon y recto, que demandan estrategias diferenciadas según factores culturales, genéticos y territoriales.
El componente regional también resulta clave. Departamentos como Risaralda, Huila, Antioquia y Valle del Cauca presentan tasas de mortalidad superiores incluso a las de Bogotá, lo que refleja desigualdades en la capacidad de respuesta de los sistemas de salud locales. Estas cifras confirman que el cáncer no afecta a todos por igual y que la geografía sigue marcando diferencias en las probabilidades de supervivencia.
Ante este panorama, el INC trabaja en la formulación de un nuevo Plan Decenal para el Control del Cáncer, luego de que el plan anterior (2012–2022) apenas alcanzara el 52 % de sus metas. El balance es claro: el reto no es menor y exige una visión integral que articule prevención, atención primaria, servicios especializados, financiamiento y seguimiento efectivo.
El Día Mundial contra el Cáncer, más allá de una fecha simbólica, vuelve a ser un llamado de alerta. Colombia ha logrado reducir la mortalidad, pero sigue perdiendo demasiadas vidas por una enfermedad que, en muchos casos, puede prevenirse, detectarse a tiempo o tratarse con éxito. El desafío ahora es acelerar el paso y convertir las cifras en acciones concretas que garanticen que nacer o vivir en una región determinada no defina las posibilidades de sobrevivir al cáncer.
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