Charolais gana protagonismo en la ganadería colombiana tras su reconocimiento en Expomalocas

El reciente reconocimiento obtenido por la raza bovina Charolais en la feria ganadera Expomalocas ha despertado un renovado interés entre productores y especialistas del sector pecuario colombiano, quienes ven en esta genética europea una alternativa para mejorar la eficiencia productiva y la calidad de la carne en los sistemas ganaderos del país.
La distinción como gran campeona reservada dentro del certamen ganadero no solo representa un logro en términos de exhibición, sino también el reflejo de varios años de trabajo orientado a posicionar la raza dentro del panorama productivo nacional. Así lo explicó Germán Alonso Rodríguez, presidente de la Asociación Colombiana de Criadores de Ganado Charolais y Charbray, quien destacó que el galardón simboliza el reconocimiento al esfuerzo realizado por los criadores para demostrar el potencial productivo de esta genética.
Según el dirigente gremial, las competencias entre razas cárnicas suelen ser complejas debido a que cada una posee características productivas distintas. Sin embargo, la charolais ha logrado destacarse por un atributo clave dentro de la ganadería moderna: su capacidad para transformar el alimento en masa muscular con mayor eficiencia.
De acuerdo con Rodríguez, los animales de esta raza presentan una notable habilidad para ganar peso en menos tiempo frente a otras líneas genéticas utilizadas en el país. “Con la misma alimentación, nuestros animales pueden aumentar más kilos en menos tiempo que otras razas”, señaló el dirigente, al explicar uno de los principales factores que ha despertado el interés de los ganaderos.
Los indicadores productivos respaldan estas afirmaciones. En sistemas de pastoreo sin suplementación, los ejemplares de charolais pueden registrar ganancias diarias cercanas a los 800 gramos. Este ritmo de crecimiento permite que hacia los diez meses de edad los animales alcancen alrededor de 300 kilogramos de peso.
Las diferencias también se evidencian en la etapa de destete. Aproximadamente a los ocho meses, los terneros pueden llegar a pesar entre 250 y 280 kilogramos, siempre que las vacas cuenten con buenas capacidades maternas. Estos registros superan ampliamente los promedios que suelen presentar otras razas ampliamente difundidas en la ganadería colombiana.
Por ejemplo, el ganado Brahman —una de las bases de la producción bovina en el país— suele registrar ganancias diarias cercanas a los 500 gramos, mientras que el promedio nacional ronda los 400 gramos. Para los productores, esta diferencia en el crecimiento se traduce directamente en menores tiempos de engorde y en una mayor eficiencia económica.
El potencial productivo también se refleja en la etapa de ceba. En sistemas de pastoreo tradicionales, los machos de charolais pueden alcanzar pesos cercanos a los 500 kilogramos entre los 26 y 28 meses de edad, momento en el que están listos para el sacrificio.
Además de la ganancia de peso, los criadores han comenzado a destacar otro atributo importante: la calidad de la carne. Con una suplementación moderada, los animales pueden alcanzar niveles de marmoreo entre seis y siete puntos en una escala que llega hasta diez, lo que mejora la terneza y el sabor del producto final.
Aunque en Colombia aún no se alcanzan los niveles de marmoreo observados en algunos mercados internacionales especializados en carne premium, los especialistas consideran que la genética charolais tiene el potencial de competir en este segmento si se implementan estrategias adecuadas de manejo y alimentación.
El interés por esta raza no es exclusivo del contexto colombiano. En países como Estados Unidos, Francia y el norte de México, la genética charolais ha ganado protagonismo dentro de los sistemas de engorde intensivo o feedlots.
En estos mercados, muchos productores exigen que los animales destinados al engorde incluyan al menos un 25 % de genética charolais, debido al impacto positivo que tiene en la ganancia de peso y en la eficiencia alimentaria. Esta tendencia ha impulsado el uso de cruzamientos que buscan combinar las ventajas productivas de la raza con una mayor capacidad de adaptación a diferentes climas.
En el caso colombiano, uno de los mayores desafíos para la expansión de la raza tiene que ver precisamente con su adaptación a las condiciones tropicales. Al tratarse de una genética de origen europeo, los animales pueden enfrentar mayores dificultades en regiones de trópico bajo húmedo, donde la presencia de hemoparásitos y las condiciones de alta humedad afectan su desempeño.
Por esta razón, los especialistas recomiendan el uso de cruzamientos como el Charbray, una línea genética que combina el potencial productivo de la charolais con la rusticidad del ganado brahman, ofreciendo mejores resultados en ambientes tropicales.
En zonas de clima frío o templado, la adaptación de la raza suele ser más favorable. De hecho, algunos criadores han reportado buenos resultados en regiones ubicadas hasta los 3.400 metros sobre el nivel del mar.
Actualmente, el crecimiento de la población charolais en Colombia aún es limitado. Se estima que existen cerca de 1.140 animales registrados en el país, de los cuales 786 pertenecen a socios de la asociación de criadores. A pesar de que estas cifras siguen siendo pequeñas en comparación con otras razas predominantes, el inventario ha mostrado un crecimiento cercano al 10 % anual.
El objetivo de los criadores es acelerar este proceso mediante el uso de biotecnologías reproductivas como la transferencia de embriones y programas de mejoramiento genético que permitan ampliar rápidamente la base poblacional.
Tras el reconocimiento obtenido en Expomalocas, varios ganaderos han mostrado interés en incorporar esta genética en sus hatos. No obstante, la oferta de animales todavía es reducida, ya que muchos criadores están reservando sus ejemplares para fortalecer sus propios programas de reproducción.
Más allá del entusiasmo generado por el reciente premio, los expertos coinciden en que el verdadero reto consiste en consolidar una base productiva sólida que permita aprovechar de manera sostenible el potencial de la raza dentro del sistema ganadero colombiano.
La historia de la charolais se remonta a siglos atrás en Europa. Su origen se sitúa en el centro de Francia, particularmente en la región de Borgoña, donde los primeros registros de ganado blanco datan de finales del siglo IX. Con el paso del tiempo, la raza se consolidó en el valle del Arconce, desde donde comenzó su expansión hacia otras regiones francesas durante los siglos XVIII y XIX.
Hoy, varios siglos después de su desarrollo inicial, la genética charolais busca abrirse camino en los sistemas productivos de América Latina, ofreciendo a los ganaderos una alternativa para mejorar la eficiencia, reducir los tiempos de engorde y avanzar hacia una producción de carne más competitiva y tecnificada.
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