Chengue, 25 años después: la memoria de una masacre que aún interpela al Estado y a la sociedad

Este 17 de enero no es una fecha más en el calendario de los Montes de María. Se cumplen 25 años de la masacre de Chengue, un episodio que no solo marcó a sangre y fuego al corregimiento del municipio de Ovejas, en Sucre, sino que se convirtió en uno de los símbolos más crudos de la violencia paramilitar en el Caribe colombiano. Un cuarto de siglo después, la herida sigue abierta, no por falta de memoria, sino por las deudas persistentes del país con las víctimas.
En la madrugada del 17 de enero de 2001, el terror se instaló en Chengue. Un grupo armado ilegal irrumpió en el corregimiento y asesinó a más de 20 campesinos en un ataque sistemático contra población civil indefensa. Las investigaciones judiciales establecieron que la incursión fue perpetrada por integrantes del Bloque Héroes de los Montes de María, perteneciente a las entonces Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), una estructura que operó con sevicia en esta región estratégica del país.
La masacre no fue un hecho aislado ni producto del azar. Respondió a una lógica de control territorial basada en el miedo, el señalamiento colectivo y la eliminación violenta de comunidades enteras. En Chengue, los victimarios no solo asesinaron personas: quebraron la vida comunitaria, destruyeron la confianza social y sembraron un pánico que obligó a decenas de familias a huir, dejando atrás sus casas, sus cultivos y su historia.
El desplazamiento forzado que siguió a la masacre vació al corregimiento y convirtió a sus habitantes en sobrevivientes errantes. Muchos tardaron años en regresar; otros nunca lo hicieron. La violencia no terminó con los disparos: continuó en el desarraigo, en la pobreza sobrevenida y en el silencio impuesto por el miedo. Chengue pasó a ser un nombre asociado al horror, pero también a la resistencia silenciosa de quienes se negaron a olvidar.
Con el paso del tiempo, la justicia comenzó —tardíamente— a nombrar lo ocurrido por su verdadero nombre. La Fiscalía General de la Nación calificó la masacre como crimen de lesa humanidad, un reconocimiento clave que permitió avanzar en procesos judiciales contra algunos de los responsables. Varias condenas confirmaron que se trató de un ataque planificado contra una población civil, lo que elevó la gravedad jurídica y moral de los hechos.
En paralelo, la justicia administrativa determinó que existieron fallas del Estado en la protección de la comunidad, pese a que había alertas sobre el riesgo que enfrentaba la zona. Estas decisiones derivaron en condenas contra la Nación y órdenes de reparación a los familiares de las víctimas, reconociendo omisiones institucionales que facilitaron la tragedia. Sin embargo, para muchos habitantes de Chengue, la reparación material no ha sido suficiente para cerrar un duelo que sigue inconcluso.
Durante estos 25 años, el corregimiento ha sido escenario de actos de memoria, conmemoraciones y procesos de reconstrucción del tejido social. Víctimas, organizaciones sociales y entidades estatales han impulsado espacios para dignificar a quienes perdieron la vida y para transmitir a las nuevas generaciones lo ocurrido, con la convicción de que recordar es una forma de resistencia. En Chengue, la memoria no es un ejercicio simbólico: es una necesidad vital.
Hoy, el aniversario número 25 no solo evoca la magnitud de la violencia, sino que vuelve a poner sobre la mesa los retos pendientes en verdad, justicia, reparación integral y garantías de no repetición. En una región que ha avanzado en procesos de paz local, pero que aún enfrenta desigualdad y abandono, la masacre de Chengue sigue siendo un recordatorio incómodo de lo que ocurre cuando el Estado llega tarde y la violencia ocupa su lugar.
Recordar Chengue no es anclarse al pasado, sino asumir una responsabilidad colectiva con el presente y el futuro. Porque mientras las causas estructurales del conflicto no se enfrenten de fondo, la memoria seguirá siendo un llamado urgente: para que nunca más una comunidad campesina sea convertida en objetivo militar y para que la violencia no vuelva a escribir su historia con sangre.
#CANAL CORDOBA



