Colombia vuelve al Consejo de Seguridad en medio del deshielo diplomático con Estados Unidos

La participación de Colombia en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el próximo 23 de enero en Nueva York no solo marca el regreso del país a uno de los escenarios más influyentes de la diplomacia internacional, sino que se produce en un contexto de recomposición de una relación bilateral que atravesó uno de sus momentos más tensos en décadas. La asistencia de la canciller Rosa Villavicencio, tras la obtención de una visa especial para ingresar a Estados Unidos, se convierte así en un hecho con implicaciones políticas que van más allá del protocolo multilateral.
Colombia asumió recientemente su rol como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, una posición que conlleva responsabilidades estratégicas en debates sobre paz, seguridad y conflictos internacionales. La presencia de Villavicencio en esta sesión es clave para fijar la postura del país en asuntos globales, pero también simboliza un giro pragmático en las relaciones con Washington, luego de un periodo marcado por desconfianza mutua y decisiones diplomáticas de alto impacto.
La gestión de la visa, facilitada por el encargado de negocios de Estados Unidos en Bogotá, John McNamara, revela un canal de comunicación que, aunque discreto, ha permanecido activo incluso en medio de la tensión. La revocatoria previa de visas a la canciller, al presidente Gustavo Petro y a varios funcionarios cercanos al Gobierno colombiano fue una señal contundente del deterioro bilateral, alimentado por declaraciones públicas y desacuerdos políticos, entre ellos el polémico llamado del mandatario colombiano al Ejército estadounidense para no acatar órdenes del entonces presidente Donald Trump.
Que ahora se habilite el ingreso de la canciller no es un gesto aislado. La visa otorgada le permitirá no solo asistir a la sesión del Consejo de Seguridad, sino también viajar a Washington el próximo 1 de febrero para preparar la reunión bilateral entre Petro y Trump, prevista para el 3 de febrero. Este encuentro, de alto nivel político, se perfila como un punto de inflexión en el intento de restablecer canales de diálogo y cooperación entre dos aliados históricos cuyas agendas siguen estrechamente vinculadas.
En este escenario, la diplomacia se impone sobre la confrontación discursiva. Temas como la cooperación en seguridad, la lucha contra el narcotráfico y la gestión migratoria exigen coordinación constante entre Bogotá y Washington, más allá de las diferencias ideológicas. La participación de Colombia en el Consejo de Seguridad, además, obliga al país a proyectar una imagen de responsabilidad y coherencia internacional, en momentos en que la región enfrenta desafíos geopolíticos complejos.
La presencia de Villavicencio en Nueva York y Washington evidencia que, pese a los roces recientes, ninguna de las partes está dispuesta a sacrificar una relación estratégica por completo. Para Colombia, el asiento en el Consejo de Seguridad es una oportunidad de liderazgo global; para Estados Unidos, mantener canales abiertos con un socio clave en América Latina sigue siendo una prioridad.
Así, el viaje de la canciller no solo representa un trámite diplomático superado, sino una señal de que el diálogo vuelve a abrirse paso. En medio de un escenario internacional marcado por tensiones y reacomodos, Colombia y Estados Unidos parecen apostar nuevamente por la diplomacia como vía para reconstruir una relación que, aunque golpeada, sigue siendo fundamental para ambos países.
#CANAL CORDOBA



