Despegue frustrado en El Dorado: cruce de helicóptero militar obliga a LATAM a abortar maniobra con 157 pasajeros a bordo

Una situación de alta tensión se registró en el Aeropuerto Internacional El Dorado cuando el vuelo LA4278 de LATAM Airlines Colombia tuvo que abortar su despegue tras el cruce inesperado de un helicóptero de la Fuerza Aérea Colombiana en plena trayectoria de pista. La aeronave, un Airbus A320 —que cubría la ruta Bogotá–San Andrés con 157 pasajeros— se encontraba en la fase final de aceleración cuando se activó el procedimiento de despegue interrumpido.
El incidente reabre interrogantes sobre la coordinación operativa en uno de los aeropuertos con mayor tráfico aéreo de América Latina. De acuerdo con la información suministrada por la aerolínea, la tripulación actuó conforme a los protocolos de seguridad establecidos, ejecutando una frenada de alta energía que evitó un potencial incidente mayor. Aunque no se reportaron personas lesionadas, la maniobra generó una elevada temperatura en las ruedas, lo que ocasionó su desinflado y obligó a trasladar la aeronave al hangar para inspección técnica.
Desde el punto de vista aeronáutico, un rechazo de despegue en fase de alta velocidad —conocido como RTO, por sus siglas en inglés— es uno de los procedimientos más exigentes para una tripulación. Se trata de una decisión que debe tomarse en fracciones de segundo, evaluando riesgos, velocidad crítica y distancia restante de pista. Que el avión lograra detenerse sin consecuencias físicas para los ocupantes evidencia el entrenamiento de la tripulación y la robustez de los estándares operativos.
Sin embargo, el foco del análisis no puede limitarse al correcto desempeño técnico. La presencia de un helicóptero militar en la trayectoria activa de despegue plantea preguntas sobre la gestión del espacio aéreo y la coordinación entre operaciones civiles y militares. En aeropuertos mixtos como El Dorado, donde confluyen vuelos comerciales, aviación estatal y operaciones militares, la sincronización es fundamental para evitar eventos de alto riesgo.
La autoridad aeronáutica deberá esclarecer si el cruce obedeció a una autorización previamente coordinada o si se trató de una falla en los procedimientos de control de tráfico aéreo. En cualquier caso, el incidente subraya la importancia de sistemas de comunicación claros y de una supervisión estricta en entornos de alta densidad operativa.
Por su parte, LATAM reiteró que la seguridad es su prioridad y procedió a desembarcar a los pasajeros, trasladándolos en buses hacia la terminal para brindarles asistencia. Los viajeros que optaron por continuar su itinerario fueron reubicados en un vuelo programado para la misma noche, una medida que apunta a mitigar el impacto logístico del suceso.
Más allá de la normalización posterior del itinerario, lo ocurrido invita a una reflexión más amplia sobre cultura de seguridad aérea. La aviación moderna se sostiene sobre el principio de “capas de protección”: múltiples barreras diseñadas para evitar que un error aislado derive en accidente. En este caso, la reacción oportuna de la tripulación funcionó como última línea de defensa. No obstante, la prioridad institucional debería ser garantizar que esas capas previas —coordinación, autorización y vigilancia— operen sin fisuras.
En un contexto de creciente demanda aérea y operaciones simultáneas en aeropuertos estratégicos, la transparencia en la investigación y la divulgación de resultados serán claves para fortalecer la confianza pública. La ausencia de heridos no debe minimizar la gravedad potencial del evento. Por el contrario, debe servir como recordatorio de que la seguridad aérea no admite improvisaciones y depende, en última instancia, de la precisión milimétrica en cada decisión operativa.
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