Petro anticipa posible reducción en el precio de la gasolina y reaviva el pulso político con Álvaro Uribe

En medio de un nuevo cruce de declaraciones con el expresidente Álvaro Uribe Vélez, el presidente Gustavo Petro anunció que los precios de la gasolina en Colombia podrían comenzar a bajar en los próximos meses, un mensaje que busca marcar un giro en la política de combustibles tras años de incrementos sostenidos y que, al mismo tiempo, reabre el debate sobre el manejo fiscal heredado de gobiernos anteriores.
El mandatario explicó que esta eventual reducción estaría sustentada en dos factores clave: el pago total de la deuda acumulada del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) y el fortalecimiento del peso colombiano frente al dólar. Según Petro, estos elementos permitirían aliviar la presión que durante años obligó al Estado a asumir subsidios millonarios para evitar alzas abruptas en los precios internos de los combustibles.
El anuncio se produjo en el marco de una discusión pública en redes sociales, luego de que Uribe cuestionara la política de endeudamiento del actual Gobierno y señalara supuestas tasas de interés elevadas en la emisión de bonos en dólares. Petro respondió asegurando que el crédito fue adquirido a una tasa del 5,9 %, y no del 12 % como, según él, se ha insinuado desde sectores de la oposición, defendiendo la estrategia financiera de su administración.
En ese contexto, el jefe de Estado aprovechó para reiterar una de sus principales críticas a la gestión económica del gobierno anterior: la deuda del FEPC. A través de su cuenta en X, Petro afirmó que la administración de Iván Duque dejó un déficit cercano a los 70 billones de pesos en dicho fondo, producto del subsidio a la gasolina, y aseguró que su Gobierno no solo asumió esa carga, sino que la ha pagado en su totalidad. Incluso, sostuvo que entregará el FEPC con superávit al próximo Gobierno, una situación que, según él, marca una diferencia sustancial frente al pasado.
Sin embargo, el anuncio presidencial contrasta con la realidad inmediata que enfrentan los consumidores. Apenas el 1 de enero de 2026 entró en vigencia un nuevo incremento en los precios de los combustibles, con un ajuste promedio de $90 por galón para la gasolina corriente y de $99 para el diésel (ACPM) a nivel nacional. Este aumento, aunque moderado frente a alzas anteriores, mantiene vigente el malestar ciudadano y la presión sobre sectores productivos que dependen del transporte y la logística.
La discusión pone de relieve una tensión estructural en la política energética y fiscal del país. Por un lado, el Gobierno defiende la necesidad de sanear las finanzas públicas y cerrar el capítulo del FEPC como un fondo deficitario que drenó recursos durante años. Por otro, enfrenta el desafío político y social de justificar incrementos que impactan directamente el costo de vida, mientras promete alivios futuros que aún no se reflejan en el bolsillo de los colombianos.
Analistas advierten que una eventual reducción en los precios dependerá no solo del comportamiento del dólar, sino también de factores internacionales como la cotización del petróleo y las condiciones del mercado global de combustibles. Además, cualquier ajuste a la baja deberá equilibrarse con la sostenibilidad fiscal, para evitar que el FEPC vuelva a convertirse en una fuente de desequilibrios financieros.
En el plano político, el intercambio entre Petro y Uribe evidencia que el debate sobre los combustibles trasciende lo técnico y se ha convertido en un símbolo de la confrontación entre dos modelos de gestión económica. Mientras el actual Gobierno insiste en presentarse como el que corrigió una “herencia fiscal insostenible”, la oposición cuestiona el impacto real de sus decisiones sobre la economía y el bienestar ciudadano.
Así, el anuncio de una posible baja en la gasolina se instala más como una promesa condicionada que como una certeza inmediata. En los próximos meses, el comportamiento de la moneda, las finanzas del FEPC y las decisiones del Ejecutivo serán determinantes para confirmar si el discurso del alivio se traduce en hechos concretos o si, por el contrario, los colombianos continuarán enfrentando un escenario de precios altos en los combustibles.
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