El sistema hidráulico Zenú vuelve a escena: 2.500 hectáreas que drenan agua al mar en medio de la emergencia

En un momento en que las inundaciones mantienen en alerta a varias zonas del departamento, Juan José López Negrete, miembro de Asprosic y representante del Presidente de la República ante el Consejo Directivo de la CVS, confirmó que el sistema hidráulico Zenú más grande del país se encuentra en pleno funcionamiento y está permitiendo evacuar agua de manera directa hacia el mar.
Se trata de una infraestructura que abarca cerca de 2.500 hectáreas y que, según lo informado, cumple hoy un papel determinante en la regulación de los niveles hídricos en una región históricamente golpeada por las crecientes. En medio de la emergencia invernal, la operatividad de este sistema no es un dato menor: representa una herramienta técnica concreta para mitigar el impacto de las lluvias y reducir la presión sobre zonas pobladas y productivas.
El anuncio adquiere relevancia en un contexto donde la gestión del agua se convierte en el eje central de la discusión pública. Las inundaciones no solo evidencian la fuerza de la naturaleza, sino también la necesidad de mantener y fortalecer infraestructuras de control hidráulico que permitan una respuesta preventiva y no meramente reactiva. En ese sentido, el funcionamiento del sistema Zenú demuestra que las soluciones estructurales, cuando están activas y bien articuladas institucionalmente, pueden marcar la diferencia.
Históricamente, la región ha dependido de canales, compuertas y sistemas de drenaje que hunden sus raíces en el conocimiento ancestral del pueblo Zenú, reconocido por su ingeniería hidráulica adaptada a territorios anegadizos. La recuperación y operación de estos sistemas no solo tiene un valor técnico, sino también cultural y ambiental, al retomar modelos que entendían el agua no como enemiga, sino como un elemento que debía gestionarse con inteligencia territorial.
Desde el punto de vista institucional, la confirmación por parte de un representante ante la CVS pone el foco en la coordinación entre autoridades ambientales y el Gobierno nacional. La efectividad del sistema no depende únicamente de su existencia física, sino de su mantenimiento, supervisión técnica y capacidad operativa en momentos críticos. La articulación entre entidades es, nuevamente, un factor determinante.
No obstante, el reto sigue siendo integral. Si bien el sistema permite evacuar agua hacia el mar, la magnitud de las lluvias y la variabilidad climática exigen una planificación permanente que combine obras hidráulicas, ordenamiento territorial y educación comunitaria. La infraestructura, por sí sola, no resuelve la vulnerabilidad si no va acompañada de políticas públicas sostenidas y una vigilancia constante de las cuencas.
En medio de la contingencia, la noticia ofrece un mensaje de capacidad instalada y respuesta técnica. Pero también abre la discusión sobre la necesidad de invertir de manera continua en sistemas de drenaje y adaptación climática, especialmente en territorios donde el agua es parte estructural del paisaje y de la economía.
La operatividad del sistema hidráulico Zenú, con sus 2.500 hectáreas de cobertura, se convierte así en un punto de referencia en la actual emergencia. Más que un anuncio, representa una prueba tangible de cómo la infraestructura ambiental puede convertirse en un aliado estratégico para proteger comunidades y reducir riesgos en tiempos de crisis.
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