Estados Unidos girará hacia la soja en 2026: más acres, menos maíz y un sector agrícola que busca recuperar rentabilidad

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyectó que los agricultores estadounidenses sembrarán 85 millones de acres de soja esta primavera, un aumento frente a los 81,2 millones del año pasado. En contraste, las plantaciones de maíz caerán a 94 millones de acres desde los 98,8 millones previos, mientras que el trigo también registrará una leve reducción. La decisión refleja un ajuste estratégico en el mapa agrícola del país, impulsado por señales de mayor rentabilidad y por la reactivación de las exportaciones de soja hacia China.
El informe, primera gran perspectiva del año, confirma un giro productivo que responde tanto a factores de mercado como a dinámicas geopolíticas. Durante los últimos años, los agricultores enfrentaron precios relativamente bajos y costos elevados de semillas, fertilizantes y maquinaria, un escenario agravado por tensiones comerciales que afectaron las ventas externas. La interrupción de los envíos a China tras la imposición de aranceles por parte del presidente Donald Trump generó incertidumbre en el sector, especialmente para la soja, uno de los principales productos agrícolas de exportación estadounidense.
La reanudación de compras por parte de China, luego del acercamiento diplomático entre Trump y Xi Jinping en octubre, revitalizó el mercado y mejoró las expectativas de ingresos para los productores. Esa señal comercial, sumada a mejores márgenes relativos frente a otros cultivos, explica el incremento previsto en la superficie sembrada de soja.
Desde el punto de vista económico, la decisión de los agricultores responde a un principio básico: asignar tierra al cultivo que prometa mayor retorno. La soja ofrece actualmente un perfil de rentabilidad más atractivo, mientras que el maíz enfrenta presiones derivadas de costos y volatilidad de precios. No obstante, la reducción en la superficie de maíz podría tener implicaciones en la oferta interna, especialmente en un contexto donde se espera un mayor uso de etanol en mezclas de combustible.
El mercado reaccionó con cautela. Los futuros de soja en Chicago se mantuvieron prácticamente estables en torno a US$11,47 por bushel, cerca de máximos recientes de tres meses. Analistas como Naomi Blohm, de Total Farm Marketing, señalaron que el informe no trae sorpresas sustanciales, pero obliga a centrar la atención en el clima del verano estadounidense, factor determinante para confirmar las proyecciones.
El panorama también tiene repercusiones en la industria de insumos y maquinaria. Empresas como Deere & Company elevaron su pronóstico de ganancias anuales, reflejando una moderada recuperación en la demanda. Sin embargo, la ausencia de una expansión significativa en la superficie total sembrada —que disminuirá cerca de 1 % en los tres principales cultivos— podría limitar el crecimiento sostenido en ventas de equipos y fertilizantes.
Desde una perspectiva estructural, el sector agrícola estadounidense parece entrar en una fase de transición. Tras años de presión por precios bajos y costos altos, los ciclos de mercado comienzan a ofrecer señales de estabilización. Sin embargo, la rentabilidad dependerá no solo de las decisiones de siembra, sino de variables externas como el clima, la estabilidad comercial con China y las políticas energéticas internas.
El incremento en la siembra de soja no es únicamente una cifra estadística; representa un termómetro del ánimo agrícola y de la confianza en los mercados internacionales. Al mismo tiempo, la reducción en maíz evidencia que el liderazgo histórico de este cultivo puede verse temporalmente desplazado por condiciones económicas cambiantes.
En definitiva, la temporada 2026 se perfila como un año de ajustes estratégicos más que de expansión. Los agricultores apuestan por la soja como motor de recuperación, mientras el sector observa con cautela si el nuevo equilibrio productivo logrará traducirse en estabilidad financiera tras años de volatilidad.
#CANAL CORDOBA



