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Estados Unidos rompe con la OMS: el regreso de Trump reabre la disputa por la gobernanza sanitaria global

Estados Unidos formalizó este jueves su retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una decisión que marca un giro profundo en la política exterior y sanitaria del país y reaviva un debate global sobre el papel de los organismos multilaterales en la gestión de crisis sanitarias. La salida se oficializó mediante una orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump, quien regresó al poder en enero de 2025 y retomó una postura crítica que ya había expresado durante su primer mandato.

El Gobierno estadounidense justificó su decisión al señalar que la OMS manejó de forma deficiente la pandemia de COVID-19 y que, a su juicio, el organismo requiere reformas estructurales de fondo. En el comunicado oficial, Washington cuestionó no solo la respuesta inicial frente al coronavirus, sino también la actuación del ente en otras emergencias sanitarias, así como su supuesta falta de independencia frente a presiones políticas de algunos Estados miembros.

La ruptura no es menor. Durante décadas, Estados Unidos fue uno de los principales pilares financieros y técnicos de la OMS, con aportes que llegaron a representar hasta el 25 % de su presupuesto total. Desde el Departamento de Salud y Servicios Humanos se argumentó que esa carga económica no fue acompañada de un nivel equivalente de responsabilidad ni de transparencia por parte del organismo. “Confiamos, pagamos y fallaron; no asumieron responsabilidad por sus errores”, afirmó un funcionario, en una declaración que resume el tono confrontacional del Ejecutivo.

Uno de los puntos más controvertidos del anuncio es la decisión de Washington de no cancelar las cuotas pendientes correspondientes a 2024 y 2025, estimadas en cientos de millones de dólares. Funcionarios estadounidenses sostienen que, de acuerdo con las normas vigentes, el pago no es un requisito indispensable para formalizar la salida. Sin embargo, esta interpretación ha sido cuestionada por expertos en derecho internacional y por la propia OMS, que advierten sobre las implicaciones legales y financieras de una desvinculación sin cumplir los compromisos adquiridos.

Más allá del debate jurídico, la salida de Estados Unidos genera preocupación en la comunidad internacional. Analistas y especialistas en salud pública advierten que el retiro podría debilitar la cooperación global en un momento en el que las amenazas sanitarias trascienden fronteras, desde nuevas pandemias hasta el resurgimiento de enfermedades prevenibles. La OMS ha sido clave en la vigilancia epidemiológica, la coordinación de respuestas de emergencia y el apoyo a países con sistemas de salud frágiles, funciones que se verían afectadas por la ausencia de uno de sus actores más influyentes.

El Gobierno de Trump ha señalado que mantendrá acuerdos bilaterales con otros países para abordar temas de salud pública, aunque reconoció que este esquema implicará cambios sustanciales en la coordinación internacional. Para sus críticos, esta estrategia fragmenta la respuesta global y reduce la capacidad de anticipación frente a crisis sanitarias de gran escala. Para sus defensores, en cambio, representa una oportunidad para replantear un sistema que consideran ineficiente y excesivamente burocrático.

La decisión también tiene una fuerte carga política. El retiro de la OMS se alinea con la visión “Estados Unidos primero” que caracteriza al presidente Trump y con su escepticismo hacia los organismos multilaterales. Al mismo tiempo, reabre un debate de fondo sobre el futuro de la gobernanza sanitaria mundial: si debe seguir sustentada en instituciones globales con amplios consensos o avanzar hacia modelos más descentralizados y condicionados a resultados concretos.

Con esta medida, Washington no solo rompe con una institución histórica, sino que envía una señal clara sobre su disposición a desafiar el orden multilateral en materia de salud. Las consecuencias de esta decisión, tanto para la OMS como para la capacidad global de enfrentar futuras emergencias sanitarias, apenas comienzan a vislumbrarse y prometen marcar un nuevo capítulo en la ya compleja relación entre política, ciencia y cooperación internacional.

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