El reloj laboral se adelanta: el recargo nocturno desde las 7 p. m. reabre el debate sobre trabajo digno y costos empresariales en Colombia

La entrada en vigor del recargo nocturno desde las 7:00 de la noche marca un punto de inflexión en la política laboral colombiana y vuelve a colocar en el centro del debate una pregunta histórica: ¿hasta dónde debe llegar el Estado para proteger el ingreso de los trabajadores sin poner en riesgo la sostenibilidad del empleo? La medida, impulsada por el Gobierno del presidente Gustavo Petro, no es un simple ajuste de horario; es una señal política clara sobre el rumbo que se quiere imprimir al modelo laboral del país.
Durante años, el inicio del recargo nocturno a las 9:00 p. m. fue visto por amplios sectores sindicales como una concesión excesiva al empresariado, que permitía extender jornadas en horarios de alta demanda sin reconocer plenamente el esfuerzo adicional del trabajador. Al adelantar dos horas ese umbral, el Gobierno busca corregir lo que considera una distorsión histórica: trabajar de noche, incluso en las primeras horas de la noche, implica sacrificios familiares, sociales y físicos que merecen una compensación justa.
Desde la óptica del trabajador, el cambio representa un alivio tangible. Vigilantes, empleados del comercio, personal de salud, conductores, meseros y operarios de servicios nocturnos verán reflejado en su salario un reconocimiento económico que antes no existía. En un contexto de inflación persistente y de altos costos de vida, cada peso adicional cuenta, y el recargo nocturno desde las 7:00 p. m. se convierte, para muchos hogares, en una válvula de alivio frente a la precarización laboral.
Sin embargo, el impacto no es homogéneo ni exento de tensiones. Para pequeñas y medianas empresas, especialmente en sectores como restaurantes, bares, comercio minorista y servicios, el aumento de los costos laborales genera preocupación. Algunos empresarios advierten que el margen de maniobra es limitado y que, de no existir acompañamiento estatal o incentivos, la medida podría traducirse en reducción de turnos, ajustes de personal o incluso informalidad, un fenómeno que el país aún no logra erradicar.
El Gobierno, por su parte, defiende la decisión como parte de una reforma estructural que busca equilibrar la balanza entre capital y trabajo. El mensaje es claro: el crecimiento económico no puede sostenerse sobre la extensión silenciosa de jornadas mal remuneradas. En ese sentido, el adelanto del recargo nocturno también funciona como un llamado a modernizar los esquemas de productividad, eficiencia y organización laboral, en lugar de depender de largas horas de trabajo como principal estrategia de rentabilidad.
Desde una mirada periodística, el verdadero desafío no está solo en la norma, sino en su implementación. La capacidad del Estado para vigilar, sancionar incumplimientos y proteger a los trabajadores que denuncien abusos será determinante para que la medida no quede en el papel. De igual forma, el diálogo con el sector empresarial será clave para evitar que la reforma se convierta en un nuevo frente de polarización económica y social.
En conclusión, el recargo nocturno desde las 7:00 p. m. no es únicamente una decisión técnica sobre horarios laborales: es una declaración de principios. Refleja una apuesta por dignificar el trabajo en horarios tradicionalmente invisibilizados, pero también expone las fragilidades del mercado laboral colombiano. Su éxito o fracaso dependerá de si el país logra convertir este cambio en una oportunidad para fortalecer el empleo formal, mejorar los ingresos y construir un modelo laboral más justo y sostenible.
#CANAL CORDOBA



