Montería reduce el desempleo y se consolida como referente laboral en la Costa Caribe: entre resultados, retos y sostenibilidad

Montería cerró el último trimestre de 2025 con una noticia que no pasa desapercibida en el panorama económico regional: la ciudad se posicionó como la capital con menor tasa de desempleo de la Costa Caribe, al registrar un 8,6 % en el trimestre móvil septiembre–noviembre, según cifras oficiales del DANE. El dato no solo confirma una mejora frente al 9,8 % del periodo anterior, sino que consolida cuatro meses consecutivos con desempleo en un solo dígito, un hito que pocas ciudades del país pueden mostrar en el actual contexto económico.
Desde una lectura periodística, el indicador tiene un valor que va más allá de la estadística. Refleja una dinámica laboral sostenida, impulsada por una combinación de inversión pública, eventos de alto impacto, políticas activas de empleo y una estrategia de articulación entre el sector público y privado. En un escenario nacional marcado por la incertidumbre económica, la informalidad persistente y los desafíos de la generación de empleo formal, Montería emerge como un caso que merece análisis y seguimiento.
El alcalde Hugo Kerguelén García ha atribuido estos resultados a una planificación enfocada en el empleo como eje del desarrollo. Y, en efecto, los datos respaldan parte de ese discurso: en el año móvil, la ciudad sumó 6.547 personas ocupadas más, redujo en 4.886 el número de desocupados y avanzó en un cumplimiento del 24,2 % de la meta de empleo establecida en el Plan de Desarrollo. Estas cifras sugieren que la mejora no es coyuntural, sino el resultado de una tendencia que viene consolidándose.
Un elemento clave ha sido el impacto económico de eventos masivos realizados en el último trimestre del año, como los Juegos Deportivos Centroamericanos y del Caribe y la Montería Media Maratón, que dinamizaron sectores intensivos en mano de obra como el comercio, el turismo y los servicios. Estos espacios, aunque temporales, generaron ingresos y ocupación para cientos de familias, evidenciando cómo la economía del evento puede convertirse en un instrumento eficaz de activación laboral cuando se integra a una estrategia de ciudad.
No obstante, el análisis exige matices. Si bien la tasa de ocupación se ubicó en 58,2 % y la tasa global de participación en 63,7 %, los números también revelan desafíos estructurales. La informalidad laboral, aunque descendió levemente al 60,5 %, sigue siendo elevada, lo que plantea la necesidad de transformar empleo transitorio o informal en trabajo formal, estable y con garantías. La reducción del desempleo es una buena noticia, pero el reto de fondo es la calidad del empleo.
El comportamiento del empleo juvenil ofrece señales mixtas pero alentadoras. La disminución de la desocupación entre jóvenes del 18 % al 16,4 % indica avances, aunque también evidencia que este grupo sigue enfrentando barreras mayores para acceder al mercado laboral. En este punto, la política pública local deberá profundizar en formación para el trabajo, empleabilidad y articulación con el sector productivo, si quiere convertir esta mejora en un cambio estructural.
Programas como Impuestos por Puestos de Trabajo se han convertido en una de las apuestas más visibles de la administración. Con 555 empleos generados, más de $9.500 millones en salarios anuales y un sacrificio fiscal de $1.275 millones en ICA, el programa refleja una decisión política clara: incentivar la contratación como mecanismo de desarrollo económico. Sin embargo, el debate público deberá evaluar permanentemente si estos incentivos logran sostenibilidad a largo plazo y si se traducen en empleos estables más allá del beneficio tributario.
La gestión del empleo también ha encontrado respaldo en la Agencia Pública de Empleo de la Alcaldía, en alianza con el SENA, con resultados concretos: 432 vacantes ofertadas, más de 2.700 orientaciones laborales y casi un centenar de colocaciones efectivas. A esto se suma el alcance territorial de las ferias de empleo, que llevaron oportunidades laborales a distintos barrios y corregimientos, acercando la oferta a poblaciones que históricamente han tenido menos acceso a estos espacios.
La estrategia de Pagos por Resultados, con la meta de 1.500 nuevos empleos formales, introduce un enfoque innovador que traslada parte de la responsabilidad a operadores de empleo, premiando la efectividad real y no solo la intermediación. Este modelo, aún en consolidación, podría convertirse en una herramienta clave si logra mantener transparencia, seguimiento y resultados medibles.
En balance, Montería muestra avances significativos en materia laboral y se posiciona como un referente regional. Sin embargo, el verdadero desafío será sostener estos resultados en el tiempo, reducir la informalidad y garantizar que el crecimiento del empleo se traduzca en bienestar duradero. Las cifras actuales permiten optimismo, pero también obligan a una lectura crítica: el éxito no debe medirse solo en tasas de desempleo, sino en la capacidad de construir un mercado laboral más inclusivo, formal y resiliente.
Montería ha dado pasos firmes. Ahora, el reto es no detenerse.
#CANAL CORDOBA



