Colombia

Granizada sorprendió a Bogotá y dejó 33 emergencias en menos de dos horas

Lo que comenzó como una mañana soleada con temperaturas cercanas a los 24 °C terminó convirtiéndose en una escena atípica para los capitalinos. En cuestión de minutos, una fuerte tormenta acompañada de granizo transformó el paisaje urbano de Bogotá, dejando calles cubiertas de hielo y una sensación térmica más propia de una ciudad andina en temporada invernal extrema que de la capital colombiana.

Las imágenes que circularon en redes sociales mostraron andenes y vías completamente blancas, generando asombro entre los ciudadanos por la apariencia de “nieve” en plena ciudad. Sin embargo, detrás de la postal llamativa hubo un impacto concreto en infraestructura y movilidad.

De acuerdo con el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (Idiger), la localidad más afectada fue Engativá, donde se registraron 58,6 milímetros de lluvia en apenas una hora y 15 minutos. También se reportaron precipitaciones intensas en Suba, Fontibón y Barrios Unidos, zonas que experimentaron inundaciones, rebosamientos de alcantarillas y emergencias asociadas a la caída de árboles.

El balance preliminar dejó 33 eventos relacionados con la tormenta: 15 afectaciones al sistema de alcantarillado, 16 incidentes por caída o riesgo de caída de árboles, un caso por vientos fuertes y otro directamente atribuido a la granizada. En el barrio Bellavista, en Engativá, el hielo acumulado bloqueó drenajes, provocó inundaciones y afectó 14 locales comerciales, además de una vivienda.

Más allá del impacto inmediato, el episodio reabre el debate sobre la capacidad de respuesta y adaptación de la ciudad frente a fenómenos climáticos cada vez más intensos y abruptos. El cambio súbito de condiciones —de calor a granizada en pocas horas— evidencia la creciente variabilidad climática que enfrentan las grandes urbes. Expertos han advertido que estos eventos extremos podrían volverse más frecuentes debido a alteraciones en los patrones atmosféricos.

Las emergencias registradas en sectores como el Portal 80, así como los retornos de aguas residuales en Suba y Fontibón, también ponen en el foco la infraestructura de drenaje y la necesidad de fortalecer sistemas preventivos. Si bien la intervención oportuna de los organismos de socorro evitó consecuencias mayores, los daños materiales y las afectaciones a la movilidad dejaron claro que la ciudad aún enfrenta vulnerabilidades estructurales.

El fenómeno no solo fue tendencia digital por su apariencia inusual, sino que funcionó como recordatorio de que la gestión del riesgo urbano debe ir más allá de la reacción inmediata. Bogotá, como otras capitales latinoamericanas, enfrenta el reto de modernizar su infraestructura y fortalecer la cultura ciudadana frente a eventos climáticos extremos.

Lo que para muchos fue una escena digna de fotografía también evidenció la fragilidad de una ciudad que, en menos de dos horas, pasó del sol radiante a una tormenta que dejó decenas de emergencias.

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