IPC de 5,1 % redefine el salario docente para 2026: entre la recuperación del poder adquisitivo y la expectativa sindical

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de 2025, revelado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), se convirtió nuevamente en una de las cifras más sensibles para la economía colombiana y, en particular, para el bolsillo de miles de maestros en el país. Con una inflación anual de 5,1 %, el dato muestra una leve desaceleración frente al cierre de 2024 y marca el punto de partida para el ajuste salarial del magisterio en 2026.
Más allá de ser una cifra técnica, el IPC funciona como el principal termómetro del costo de vida y, en el caso de los docentes, es la base mínima sobre la cual se calcula el incremento salarial anual, con el objetivo de evitar la pérdida del poder adquisitivo. En otras palabras, el 5,1 % anunciado por el Dane no es un aumento en sí mismo, sino el piso desde el cual se construye la negociación entre el Gobierno nacional y los sindicatos del sector educativo.
El nuevo incremento salarial para los maestros se calculará sumando ese 5,1 % de inflación al porcentaje adicional que acuerden las organizaciones sindicales con el Ejecutivo, así como a los puntos de nivelación establecidos para corregir brechas históricas dentro del escalafón docente. Este mecanismo busca que el salario no solo se ajuste a la inflación, sino que refleje, al menos parcialmente, el esfuerzo académico y la trayectoria profesional de los educadores.
Aunque el decreto oficial que fija los aumentos por categoría y grado para 2026 aún no ha sido expedido, las proyecciones con base en un incremento cercano al 7,5 % permiten dimensionar el impacto que tendría el ajuste en los ingresos del magisterio. En el Grado 1, que agrupa a Normalistas Superiores y Tecnólogos en Educación, los salarios oscilarían entre los $3.050.390 para el nivel 1A y los $6.213.773 para el nivel 1D, reflejando una progresión ligada a la experiencia y el escalafón.
En el Grado 2, donde se concentran los docentes con formación profesional y estudios de posgrado, las diferencias salariales son más marcadas. Un maestro sin especialización podría devengar entre $3.839.130 y $7.001.457, mientras que con especialización los ingresos subirían hasta $7.816.557. Para quienes cuentan con maestría o doctorado, el salario puede superar los $9 millones mensuales, evidenciando el peso que tiene la cualificación académica en la estructura salarial del sector.
Este panorama, sin embargo, no está exento de tensiones. Para los sindicatos, el IPC del 5,1 % confirma que, aunque la inflación cede, el costo de vida sigue siendo elevado, especialmente en rubros como vivienda, transporte y alimentación. Por ello, insisten en que el incremento adicional debe ser suficiente para garantizar una mejora real en las condiciones de vida de los docentes y no limitarse a un ajuste meramente inflacionario.
Desde la óptica del Gobierno, el reto es equilibrar las demandas salariales con las restricciones fiscales y el impacto presupuestal que supone un aumento significativo en la nómina del Estado. El salario docente representa uno de los componentes más importantes del gasto público en educación, por lo que cada punto adicional acordado en la negociación tiene implicaciones directas sobre las finanzas nacionales.
Así, el IPC de 2025 no solo actualiza estadísticas económicas, sino que reabre el debate sobre la dignificación del ejercicio docente, la sostenibilidad fiscal y el papel de la educación como prioridad nacional. Mientras se espera la expedición del decreto oficial y el cierre de las negociaciones, miles de maestros miran con expectativa una cifra que, año tras año, define buena parte de su estabilidad económica y su calidad de vida.
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