Mensajes entre líneas: Petro rompe el silencio tras su encuentro con Trump y deja abiertas las lecturas diplomáticas

Bajo un clima de expectativa política y cautela diplomática, el presidente Gustavo Petro se pronunció por primera vez luego de su reunión con Donald Trump en la Casa Blanca, un encuentro que se extendió por más de una hora y que marca un punto de inflexión —aún incierto— en la relación entre Colombia y Estados Unidos. Lejos de ofrecer un balance directo o una lista de compromisos, el mandatario colombiano optó por el lenguaje simbólico, las reflexiones abiertas y un tono que mezcla ironía con cálculo político.
El pronunciamiento no llegó a través de una rueda de prensa ni de un comunicado oficial, sino mediante una serie de publicaciones en su cuenta de X, donde Petro compartió imágenes y mensajes cuidadosamente escogidos. Entre ellos, destacó su recorrido por el corredor de los presidentes estadounidenses, un espacio emblemático del poder político norteamericano que el mandatario comparó con el existente en la Casa de Nariño. “Recorre uno la historia, pero siempre hay un muro al final: ¿qué sigue?”, escribió Petro, una frase que trasciende la anécdota y sugiere una reflexión más profunda sobre los límites del poder, la continuidad histórica y el futuro de las relaciones bilaterales.
Uno de los gestos que más atención generó fue el regalo entregado por Donald Trump: un ejemplar de The Art of the Deal, libro emblemático del expresidente estadounidense, con una dedicatoria escrita a mano que decía “You are great”. Petro publicó la imagen y, fiel a su estilo provocador, acompañó el gesto con un comentario cargado de ironía: “¿Qué me quiso decir Trump en esta dedicatoria? No entiendo mucho el inglés”. La frase, aparentemente ligera, abrió múltiples interpretaciones sobre el tono real del encuentro y la compleja relación personal y política entre ambos mandatarios.
La reunión comenzó pasadas las 11:00 de la mañana, hora de Washington, tras el ingreso del vehículo presidencial colombiano a la residencia oficial. Durante más de una hora, Petro y Trump dialogaron sobre asuntos clave de la agenda bilateral en un formato reservado, sin acceso a la prensa y sin declaraciones conjuntas, una señal clara de que el encuentro estaba lejos de ser protocolario. El hermetismo contrastó con la intensidad política que rodea la relación entre ambos gobiernos, marcada por desacuerdos profundos, especialmente en materia de narcotráfico y cooperación internacional.
Desde la Casa Blanca, la portavoz Karoline Leavitt aclaró que la cita fue iniciativa del gobierno estadounidense, subrayando que Trump fue quien extendió la invitación a Petro para “conversar juntos”. El mensaje busca proyectar control y liderazgo desde Washington, pero también deja entrever la necesidad de recomponer canales de diálogo tras meses de tensiones diplomáticas, decisiones unilaterales y sanciones que deterioraron la confianza mutua.
Aunque no se revelaron detalles concretos sobre los temas tratados ni posibles acuerdos, los gestos posteriores del presidente colombiano sugieren que el encuentro fue más político que técnico, más simbólico que programático. Petro parece apostar por la narrativa, por dejar preguntas abiertas en lugar de respuestas cerradas, consciente de que cada palabra —y cada silencio— será interpretado tanto en Colombia como en Estados Unidos, especialmente en un contexto preelectoral y de alta polarización.
En ese sentido, el encuentro no solo reabre un canal de comunicación entre Bogotá y Washington, sino que también expone la fragilidad y complejidad de una relación histórica que hoy se redefine entre desconfianzas, gestos calculados y mensajes entre líneas. La dedicatoria en un libro, una reflexión en un pasillo histórico y un comentario irónico en redes sociales dicen tanto como cualquier comunicado oficial: el diálogo volvió, pero el rumbo sigue sin estar claro.
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