Colombia

Pasaporte en la plaza: símbolo de soberanía en medio del pulso por el salario mínimo

En un escenario cargado de tensión política y simbolismo institucional, el presidente Gustavo Petro convirtió la Plaza de Bolívar en vitrina de un doble mensaje: defensa del aumento del salario mínimo y reivindicación de la capacidad administrativa del Ejecutivo. En medio de la movilización ciudadana convocada para respaldar el incremento salarial —suspendido provisionalmente por el Consejo de Estado—, el mandatario sorprendió al presentar públicamente el nuevo pasaporte colombiano.

El gesto no fue accesorio ni improvisado. En política, los escenarios y los tiempos hablan tanto como las palabras. La Plaza de Bolívar, corazón histórico del poder en Colombia, ha sido tradicionalmente el lugar donde confluyen las ramas del Estado y la ciudadanía cuando el debate trasciende lo técnico y se instala en el terreno simbólico. Allí, ante cientos de asistentes, Petro sostuvo el documento recién expedido y lo presentó como prueba tangible de que su gobierno no solo resiste el control judicial, sino que avanza en decisiones administrativas estratégicas.

“Decían que no íbamos a poder hacerlo”, afirmó el jefe de Estado al mostrar el nuevo pasaporte, justo después de firmar el decreto provisional que mantiene el aumento del 23 % en el salario mínimo. La frase, más que una referencia puntual, encapsula una narrativa de confrontación institucional: la idea de que el Ejecutivo enfrenta obstáculos, pero persevera.

El documento, según explicó el presidente, incorpora elementos gráficos que evocan identidad cultural: mariposas amarillas, ganado, guitarras, tiples, coco y pescadores. La descripción no es menor. En tiempos de polarización política, el lenguaje visual se convierte en herramienta de cohesión. El pasaporte, más que un instrumento de viaje, se presenta como carta de presentación simbólica del país ante el mundo.

La decisión de anunciarlo en ese contexto revela una estrategia comunicativa clara. Mientras el debate jurídico sobre el salario mínimo gira en torno a metodologías económicas, metas de inflación y criterios de productividad, el pasaporte introduce un relato alternativo: soberanía, identidad y gestión cumplida. Es un desplazamiento del eje técnico al plano emocional.

Petro aseguró, además, que el nuevo documento superó evaluaciones de entidades calificadoras internacionales y lo calificó como el “cuarto mejor pasaporte del mundo”. La afirmación apunta a reforzar una narrativa de competitividad global, en un momento en que el Gobierno enfrenta cuestionamientos sobre la solidez de sus decisiones económicas.

El trasfondo, sin embargo, es más complejo. La presentación del pasaporte se dio en medio de un pulso institucional. El Consejo de Estado no anuló el aumento del salario mínimo, pero sí suspendió provisionalmente el decreto inicial y exigió una sustentación técnica más robusta. La movilización ciudadana buscaba respaldar la decisión presidencial y enviar un mensaje político a la rama judicial.

En ese marco, el nuevo pasaporte funciona como metáfora de continuidad. El Ejecutivo no se muestra en repliegue, sino en afirmación. La firma del decreto y la exhibición del documento comparten escenario, como si ambos actos formaran parte de una misma narrativa: la del Gobierno que ejecuta pese a las controversias.

No es la primera vez que un símbolo administrativo se convierte en herramienta política. En América Latina, reformas de documentos oficiales, cambios de diseño o lanzamiento de políticas públicas han sido utilizados para reforzar mensajes de transformación. Lo particular en este caso es la coincidencia temporal con un debate jurídico de alto impacto económico.

Desde una perspectiva periodística, el episodio refleja la intersección entre gestión técnica y comunicación política. El pasaporte es, en términos administrativos, un trámite cotidiano. Pero en la Plaza de Bolívar se transformó en declaración de principios. La identidad cultural invocada en sus ilustraciones dialoga con la defensa del salario mínimo como instrumento de justicia social.

Queda por ver si el debate sobre el incremento salarial se resolverá favorablemente para el Gobierno o si el alto tribunal exigirá ajustes adicionales. Lo cierto es que la escena del jueves dejó una imagen potente: un presidente que, en medio del cuestionamiento institucional, levanta un pasaporte como símbolo de avance y autonomía.

En política, los objetos pueden convertirse en mensajes. Y en la Plaza de Bolívar, el nuevo pasaporte fue más que un documento de viaje: fue una pieza narrativa en el ajedrez del poder.

#CANAL CORDOBA

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba