Colombia

Persecución, miedo y muerte: la tragedia en Engativá que reabre el debate sobre la justicia por mano propia

Bogotá continúa conmocionada por la muerte de Clara Lucía León y Santiago Rodríguez, dos adultos mayores de 68 años que perdieron la vida en un choque múltiple ocurrido en la localidad de Engativá, en medio de una persecución a presuntos delincuentes tras un robo. El hecho, registrado en la tarde del jueves 15 de enero, no solo dejó como saldo tres personas muertas —incluido uno de los asaltantes—, sino que abrió un profundo debate social, jurídico y ético sobre los límites de la reacción ciudadana frente al delito.

De acuerdo con el testimonio conocido por Noticias Caracol, el conductor involucrado, un hombre de 34 años, relató a las autoridades que momentos antes del accidente había sido víctima de un asalto a mano armada cuando se encontraba con su familia. “Escuché que alguien me dijo ‘las joyas o se lo pego’. Era un joven de unos 25 años que me estaba apuntando con un arma en la cabeza”, afirmó. El miedo y la tensión marcaron esos instantes en los que, según su versión, entregó sus pertenencias mientras intentaba tranquilizar a sus hijos.

Sin embargo, tras el robo, el conductor tomó una decisión que resultaría determinante. Pese al estado de shock y al pánico de los menores, decidió seguir a los asaltantes que huían en motocicleta. Durante la persecución, aseguró que uno de los delincuentes volvió a apuntarle con el arma, lo que lo llevó a frenar de manera abrupta. Fue en ese momento cuando ocurrió el impacto que desencadenó la colisión en cadena en la avenida carrera 68 con calle 72, una vía de alto flujo vehicular.

El choque fue devastador. Santiago Rodríguez murió en el lugar de los hechos, mientras que Clara Lucía León fue trasladada a un centro asistencial, donde falleció horas después debido a la gravedad de sus heridas. La tragedia se completó con la muerte de uno de los presuntos delincuentes, lo que incrementó la complejidad del caso y el impacto emocional sobre la opinión pública.

Hoy, el conductor permanece vinculado al proceso penal, mientras la Fiscalía analiza si los hechos se enmarcan en un homicidio doloso o culposo, una decisión que será clave para determinar su responsabilidad jurídica. Más allá de lo que concluyan las investigaciones, el caso ha puesto en evidencia la delgada línea entre la legítima defensa, la reacción impulsiva y la justicia por mano propia.

Expertos advierten que este tipo de respuestas ciudadanas, motivadas por el miedo y la indignación frente a la inseguridad, pueden tener consecuencias fatales para terceros inocentes. La socióloga Daniela Restrepo fue enfática al señalar que “agredir a alguien por la sospecha o flagrancia de un delito elimina toda garantía y da vía libre a un castigo físico e, incluso, vital, que no está incluido en la libreta punitiva de la legislación colombiana”.

El caso de Engativá revela una problemática más profunda: la sensación de desprotección que experimentan muchos ciudadanos frente al delito y la falta de confianza en las instituciones de seguridad. Sin embargo, también deja claro que tomar la justicia por cuenta propia no solo vulnera el Estado de derecho, sino que puede convertir a víctimas en responsables de tragedias irreparables.

Mientras Bogotá despide a dos adultos mayores que nada tenían que ver con el robo inicial, el debate sigue abierto. La pregunta que queda sobre la mesa es hasta qué punto el miedo puede justificar decisiones que ponen en riesgo la vida de otros, y si como sociedad se está normalizando una respuesta violenta que, lejos de solucionar la inseguridad, profundiza sus consecuencias más dolorosas.

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