Perú nombra a José María Balcázar como presidente interino y profundiza su inestabilidad política

La crisis institucional en Perú sumó este miércoles un nuevo capítulo con la designación del congresista José María Balcázar como presidente interino, convirtiéndose en el octavo mandatario que asume el poder en menos de una década. A sus 83 años, el abogado y exjuez de la Corte Suprema, militante de Perú Libre, fue elegido por 64 votos frente a 46, superando a la derechista María del Carmen Alva, quien partía como favorita para ocupar el cargo de manera transitoria hasta las elecciones presidenciales del 12 de abril.
La votación no solo definió un relevo en la jefatura del Estado, sino que dejó al descubierto la fragilidad de las alianzas parlamentarias. Balcázar logró el respaldo decisivo de sectores de derecha que, en un giro de última hora, modificaron su posición y permitieron su llegada al poder. El cambio sorprendió tanto a la opinión pública como a las propias bancadas, generando un cisma interno y acusaciones cruzadas de “entregar el Gobierno a la izquierda”.
Una figura polémica en el centro del poder
La trayectoria del nuevo mandatario interino está marcada por controversias que ahora se trasladan al escenario presidencial. Fue sancionado por prevaricato durante su etapa como juez y expulsado del colegio de abogados por presunta apropiación de fondos. Además, ha sido cuestionado por posiciones conservadoras en temas sociales, como su oposición a prohibir el matrimonio infantil y su rechazo al uso del lenguaje inclusivo.
En los días previos a su elección, Balcázar también insinuó la posibilidad de indultar al expresidente Pedro Castillo, quien cumple una condena de 15 años de prisión tras el fallido intento de golpe de Estado en 2022. Aunque en su primer discurso como jefe de Estado evitó profundizar en ese punto, la sola mención agitó el debate político y reavivó tensiones en un país que aún no supera la fractura institucional de los últimos años.
Promesas de transición en medio de la desconfianza
En su intervención inaugural, Balcázar prometió garantizar “una transición democrática electoral pacífica”, mantener la política económica vigente y reforzar la seguridad ciudadana, considerada una de las principales preocupaciones de la población peruana. Sin embargo, la credibilidad de estas promesas dependerá de su capacidad para conformar un Consejo de Ministros que genere confianza en los mercados, en la clase política y en la ciudadanía.
El desafío no es menor. Perú ha atravesado un ciclo prolongado de inestabilidad que ha erosionado la legitimidad de las instituciones y debilitado la gobernabilidad. La sucesión constante de presidentes ha convertido al Congreso en el principal epicentro de las decisiones políticas, pero también en el foco de críticas por su fragmentación y por la percepción de cálculos partidistas por encima del interés nacional.
Un país en vilo ante las elecciones
Con las elecciones presidenciales programadas para el 12 de abril, el margen de maniobra del nuevo mandatario es limitado en tiempo, pero amplio en impacto político. Cualquier decisión en estas semanas podría influir en el clima electoral y en la estabilidad institucional posterior.
La designación de Balcázar, lejos de cerrar la crisis, parece profundizar la incertidumbre. El apoyo coyuntural que recibió podría diluirse rápidamente si surgen nuevas controversias o si las divisiones internas en el Congreso se intensifican.
Desde una perspectiva periodística, el caso peruano refleja los riesgos de un sistema político tensionado por la confrontación constante entre Ejecutivo y Legislativo. La figura del presidente interino se convierte así en un símbolo de transición, pero también en un recordatorio de la fragilidad institucional que ha marcado al país en los últimos años.
Mientras Balcázar define su gabinete y busca consolidar un discurso de estabilidad, Perú observa con cautela un proceso que podría redefinir su rumbo político en cuestión de semanas.
#CANAL CORDOBA



