Persecución tras un hurto termina en tragedia: tres muertos y un debate urgente sobre justicia por mano propia en Bogotá

La tarde del 15 de enero dejó una escena de dolor y conmoción en el occidente de Bogotá. Un violento accidente de tránsito ocurrido en la avenida carrera 68 con calle 72, frente al centro comercial Metrópolis, cobró la vida de tres personas y dejó varios heridos, entre ellos menores de edad, en un hecho que, según las primeras versiones oficiales, se originó tras la persecución de unos presuntos delincuentes luego de un hurto.
De acuerdo con la información preliminar entregada por las autoridades, el conductor de una camioneta habría sido víctima de un robo minutos antes del siniestro y, en lugar de dar aviso inmediato a la Policía, decidió perseguir a los responsables. La situación escaló rápidamente hasta convertirse en una maniobra de alto riesgo que terminó en un choque múltiple, evidenciando cómo una reacción impulsiva puede desencadenar consecuencias irreversibles en el espacio público.
En el accidente se vieron involucrados cuatro vehículos: la motocicleta en la que se movilizaban los presuntos ladrones, la camioneta que los seguía, un automóvil particular de color gris y una volqueta que transitaba por el corredor vial. El impacto fue de tal magnitud que el conductor del vehículo gris quedó atrapado dentro del automotor y falleció en el lugar, mientras que la mujer que lo acompañaba como pasajera murió horas después en un centro asistencial. La tercera víctima fatal sería, según las primeras indagaciones, uno de los ocupantes de la motocicleta.
El saldo de heridos incluyó a tres menores de edad, quienes fueron trasladados de urgencia a centros médicos y permanecen bajo observación. Su condición reaviva la preocupación por el impacto colateral que este tipo de hechos tiene sobre personas completamente ajenas a los conflictos que se desarrollan en las vías, y que terminan siendo víctimas de decisiones ajenas y de un entorno urbano cada vez más violento e impredecible.
Más allá de la tragedia puntual, el hecho abre un debate de fondo sobre la inseguridad y las respuestas ciudadanas frente al delito. En una ciudad donde los robos y atracos son una preocupación constante, no son pocos los casos en los que las víctimas optan por perseguir o enfrentar a los delincuentes ante la sensación de impunidad. Sin embargo, este episodio vuelve a demostrar que tomar justicia por mano propia, especialmente en escenarios de alto riesgo como las vías principales, puede resultar tan o más peligroso que el delito inicial.
Las autoridades reiteraron el llamado a la ciudadanía a no exponerse ni poner en riesgo a terceros, recordando que la persecución de delincuentes corresponde exclusivamente a la Fuerza Pública. Asimismo, anunciaron que se adelantan las investigaciones para esclarecer con precisión la secuencia de los hechos, establecer responsabilidades y determinar si hubo conductas imprudentes que agravaron la situación.
Este accidente se suma a una preocupante estadística de siniestros viales en Bogotá, donde el exceso de velocidad, la imprudencia y la falta de autocontrol continúan siendo factores determinantes. En este caso, la combinación de un delito previo, una persecución improvisada y la circulación de varios vehículos en una vía de alto flujo resultó letal.
La tragedia frente a Metrópolis deja una lección dolorosa: la inseguridad no solo se combate con reacción, sino con prevención, confianza institucional y control efectivo. Cuando el miedo y la ira toman el volante, las consecuencias suelen ser devastadoras. Hoy, tres vidas perdidas y varias familias afectadas recuerdan que ninguna pertenencia justifica poner en riesgo la vida propia ni la de otros ciudadanos.
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