Reclutamiento de menores y guerra tecnificada: la nueva estrategia de las disidencias en el Cauca

El fortalecimiento de las disidencias de las FARC bajo el mando de Iván Mordisco en el suroccidente colombiano revela una preocupante transformación del conflicto armado: el paso de estructuras tradicionales a modelos criminales cada vez más tecnificados y estratégicos. La denuncia sobre el reclutamiento y entrenamiento de menores en el Cauca no solo expone una grave violación de derechos humanos, sino que evidencia una evolución operativa que amenaza con expandirse a otras regiones del país.
De acuerdo con información conocida, estas estructuras han consolidado en zonas como el Naya —entre Valle del Cauca y Cauca— verdaderos centros de entrenamiento donde niños y jóvenes son instruidos en el uso de armas, explosivos y drones. Esta práctica, además de ilegal, constituye una de las formas más crudas de victimización en el conflicto: la instrumentalización de menores para fines bélicos y criminales.
Desde una perspectiva periodística, el fenómeno no puede analizarse únicamente como un hecho aislado, sino como parte de una estrategia sistemática de expansión territorial. El reclutamiento forzado, acompañado de un proceso de “perfilamiento” de habilidades, sugiere un nivel de organización que va más allá de la improvisación. La clasificación de menores según sus capacidades —combatientes, operadores de drones o expertos en explosivos— refleja una lógica casi empresarial aplicada a la guerra.
El uso de drones en operaciones armadas marca, además, un punto de inflexión en el conflicto colombiano. Tradicionalmente asociado a enfrentamientos de baja tecnología, el conflicto ahora incorpora herramientas que amplían el alcance y la letalidad de las acciones armadas. Que estos conocimientos estén siendo transmitidos a menores de edad agrava aún más el escenario, al combinar innovación tecnológica con prácticas de reclutamiento ilegal.
La elección del Cauca como epicentro no es casual. Se trata de una región históricamente afectada por la débil presencia estatal, la disputa por economías ilegales y la complejidad geográfica. Este contexto facilita la consolidación de estructuras armadas que operan con relativa autonomía, aprovechando vacíos institucionales para fortalecer su control territorial.
El objetivo de expansión hacia departamentos como Antioquia, Chocó y la región del Catatumbo confirma que estas disidencias no solo buscan mantener sus zonas de influencia, sino también replicar su modelo en otros territorios estratégicos. Este proceso de “exportación” de combatientes, muchos de ellos menores, representa un riesgo creciente para la seguridad nacional y la estabilidad regional.
Otro elemento clave en este análisis es el impacto social de estas prácticas. El reclutamiento de menores no solo destruye proyectos de vida, sino que perpetúa ciclos de violencia en comunidades vulnerables. Las falsas promesas, la coerción y la falta de oportunidades crean un caldo de cultivo donde estas organizaciones encuentran mano de obra para sus actividades ilegales.
En conclusión, la estrategia de las disidencias lideradas por Iván Mordisco en el Cauca evidencia una mutación del conflicto armado en Colombia: más tecnificado, más organizado y con una preocupante dependencia del reclutamiento de menores. La respuesta del Estado no puede limitarse a acciones militares, sino que debe incluir una intervención integral que fortalezca la presencia institucional, garantice oportunidades para las comunidades y proteja a la población más vulnerable. De lo contrario, este modelo de expansión continuará reproduciéndose en distintas regiones del país.
#CANAL CORDOBA



