Silencio en la Casa Blanca: Petro y Trump se reúnen a puerta cerrada en un encuentro cargado de tensión política

La primera reunión cara a cara entre Gustavo Petro y Donald Trump no solo marca un hito en la relación bilateral entre Colombia y Estados Unidos, sino que también rompe con varios de los rituales más arraigados del poder en Washington. El encuentro, que se desarrolla a puerta cerrada y sin acceso a la prensa, se aleja deliberadamente de las tradiciones del Despacho Oval, donde Trump solía permitir, incluso de manera improvisada, preguntas de periodistas a mandatarios extranjeros.
La señal de discreción fue evidente desde el primer minuto. A diferencia de lo ocurrido con otros líderes latinoamericanos como Nayib Bukele o Javier Milei, Trump no salió al pórtico del Ala Oeste para recibir al presidente colombiano. Petro ingresó por una ruta menos visible, a través del Edificio de Oficinas Ejecutivas, sin guardia de honor militar y bajo un protocolo sobrio, casi austero, que contrastó con la simbología habitual de las visitas de alto nivel.
El presidente colombiano llegó a la Casa Blanca alrededor de las 10:55 de la mañana, hora de Washington, escoltado por un vehículo oficial del Servicio Secreto con la bandera de Colombia. El detalle, aunque protocolario, refuerza la idea de una reunión cuidadosamente calculada para evitar gestos, imágenes o declaraciones que pudieran alimentar controversias públicas en un momento político especialmente sensible para ambos gobiernos.
El eje central de la conversación es el narcotráfico, un tema que ha tensado profundamente la relación bilateral. Desde Washington, la administración Trump sostiene que la producción de cocaína ha aumentado durante el gobierno de Petro, un argumento utilizado para justificar decisiones de alto impacto diplomático. El mandatario colombiano, por su parte, defiende su política de sustitución de cultivos y enfoque social, asegurando que los resultados no pueden medirse únicamente en hectáreas erradicadas, sino en transformaciones estructurales de los territorios.
Este encuentro se produce tras un año de choques directos y decisiones sin precedentes. La administración Trump retiró la certificación de Colombia como país cooperante en la lucha antidrogas, revocó la visa del presidente Petro y lo incluyó, junto a miembros de su familia, en la llamada “Lista Clinton”, una medida que conlleva sanciones financieras y un fuerte estigma político por presuntos vínculos con actividades de narcotráfico. Ningún presidente colombiano en ejercicio había enfrentado una situación similar.
El contexto político añade aún más presión. La reunión ocurre en la recta final del mandato de Petro, cuando Colombia se encamina hacia la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 31 de mayo. En ese escenario, cada gesto diplomático, cada silencio y cada decisión tomada en Washington tiene repercusiones internas, tanto para el Gobierno como para la oposición, que observa el encuentro como una prueba definitiva del manejo de la política exterior.
La decisión de mantener la reunión lejos de las cámaras no es un simple detalle logístico. Es un mensaje político. Para Trump, implica controlar la narrativa y evitar un escenario incómodo en el que Petro pueda confrontar públicamente las acusaciones de Washington. Para el presidente colombiano, representa la oportunidad —y el riesgo— de defender su modelo antidrogas sin intermediarios ni micrófonos, pero también sin la posibilidad de capitalizar políticamente el encuentro en tiempo real.
En un Despacho Oval inusualmente silencioso, Petro y Trump sostienen una conversación que puede redefinir el tono de la relación bilateral en un momento crítico. El hermetismo que rodea la cita deja claro que, más allá de los discursos públicos, la verdadera disputa entre ambos gobiernos se libra hoy sin testigos, en una sala donde cada palabra pesa más que cualquier fotografía oficial.
#CANAL CORDOBA



