Tragedia en Jerusalén: dos bebés muertos y decenas hospitalizados reabren el debate sobre guarderías ilegales

Una jornada que debía transcurrir con normalidad terminó convertida en una escena de angustia colectiva en Jerusalén. La emergencia registrada este lunes en una guardería que operaba sin licencia dejó un saldo devastador: dos bebés fallecidos y más de 50 menores hospitalizados, un hecho que ha sacudido a la sociedad israelí y encendido las alarmas sobre la supervisión estatal de los centros de cuidado infantil.
El servicio de emergencias informó inicialmente que atendía un incidente con múltiples afectados y que 55 bebés habían sido trasladados de urgencia a distintos hospitales de la ciudad. Dos de ellos llegaron en estado crítico. Minutos después, la gravedad de la situación se confirmó con los reportes médicos: el hospital Shaare Zedek anunció la muerte de una niña, mientras que el hospital Hadassa informó el fallecimiento de un bebé de aproximadamente seis meses, pese a los esfuerzos de los equipos de reanimación.
Las escenas alrededor de los centros asistenciales fueron de profundo desconcierto. Padres desesperados aguardaban noticias mientras decenas de menores eran ingresados para observación médica. Aunque muchos se encuentran fuera de peligro, las autoridades sanitarias han sido cautelosas al advertir que aún es prematuro descartar riesgos, dado que no se ha determinado el origen de la afectación masiva.
Hasta el momento, las causas exactas de la emergencia no han sido esclarecidas. Los hospitales han evitado emitir hipótesis preliminares y las autoridades indicaron que se realizan exámenes clínicos y ambientales para establecer si se trató de una intoxicación, una falla estructural o algún otro factor que haya comprometido la salud de los menores. La incertidumbre médica se suma al impacto emocional que deja la muerte de dos bebés en circunstancias aún confusas.
En el plano judicial, la policía detuvo a tres adultos que se encontraban en el lugar de los hechos, quienes fueron conducidos a interrogatorio como parte de la investigación. De acuerdo con medios locales, la guardería funcionaba de manera irregular dentro de un apartamento ubicado en un sector habitado mayoritariamente por la comunidad judía ultraortodoxa, un dato que ha puesto el foco en las dificultades de control estatal sobre este tipo de establecimientos informales.
Más allá de la tragedia inmediata, el caso reabre un debate de fondo en Israel: la existencia de guarderías sin licencia, la precariedad de algunos espacios de cuidado infantil y la responsabilidad de las autoridades en la vigilancia de servicios que atienden a la población más vulnerable. Expertos en protección infantil han advertido en repetidas ocasiones que la falta de regulación y supervisión incrementa exponencialmente los riesgos para los menores.
Mientras avanzan las investigaciones y las familias lloran a sus hijos, el país enfrenta una pregunta ineludible: ¿cómo evitar que una tragedia similar vuelva a ocurrir? La respuesta, coinciden analistas y autoridades, pasa por un mayor control institucional, sanciones efectivas contra la ilegalidad y políticas que garanticen entornos seguros para la primera infancia. En Jerusalén, el dolor de este lunes deja una herida abierta y una urgencia que no admite dilaciones.
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