Trump defiende su proteccionismo en Davos y proclama un “éxito económico” de Estados Unidos frente al mundo

Desde la tribuna del Foro Económico Mundial de Davos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a desplegar un discurso marcadamente nacionalista y confrontacional, esta vez dirigido a líderes políticos y empresariales de las principales economías del planeta. En su intervención, el mandatario aseguró que el primer año de su nuevo Gobierno ha sido un “éxito en términos económicos” y defendió con firmeza su política arancelaria, a la que presentó como una herramienta legítima para equilibrar lo que considera un aporte desproporcionado de Estados Unidos al crecimiento global.
Trump sostuvo que las importaciones estadounidenses y el consumo interno de su país “mantienen a todo el mundo a flote”, una afirmación que resume su visión del rol de Washington en la economía internacional. Bajo esa lógica, justificó la imposición de aranceles a varios socios comerciales, argumentando que durante décadas otras economías se han beneficiado de la apertura del mercado estadounidense sin una reciprocidad real. “No me quieren mirar a los ojos, pero se están aprovechando de Estados Unidos”, afirmó ante un auditorio que escuchó entre la incomodidad y la expectativa.
El presidente fue más allá al señalar que sin la economía estadounidense, países enteros perderían su estabilidad. “Sin nosotros, Suiza no existiría, ni ninguno de los países que están representados aquí”, dijo, en una de las frases más polémicas de su discurso. Aunque no presentó datos concretos que respaldaran esa afirmación, el mensaje fue claro: Trump busca reposicionar a Estados Unidos como el eje indispensable del sistema económico mundial y exigir, en consecuencia, mayores concesiones de sus socios.
La intervención del mandatario se dio en un contexto particular. En casa, sectores de su electorado lo han cuestionado por dedicar buena parte de su primer año de Gobierno a la agenda internacional, especialmente a conflictos como los de Gaza y Ucrania, mientras persisten problemas internos relacionados con el costo de vida, el acceso a la vivienda y la inflación. En Davos, Trump intentó responder a esas críticas resaltando que, pese a las tensiones globales, la economía estadounidense —según su visión— se mantiene fuerte y resiliente.
“Nadie pensaba que un país haría algo como lo que hemos hecho nosotros”, aseguró, aludiendo a sus decisiones en materia comercial y fiscal. Para Trump, los aranceles no solo no han perjudicado a Estados Unidos, sino que han servido para corregir desequilibrios históricos sin generar las catástrofes económicas que muchos analistas pronosticaban. Este argumento se ha convertido en uno de los pilares de su narrativa política, especialmente de cara a un electorado que valora el proteccionismo como defensa del empleo y la industria nacional.
El simbolismo del escenario también jugó su papel. Davos, tradicional bastión del multilateralismo y del libre comercio, se ha convertido en una plataforma recurrente para que Trump cuestione precisamente esos principios. Su llegada tardía al foro, luego de que el Air Force One sufriera una avería y tuviera que regresar a Maryland, no impidió que su discurso captara la atención mediática y reavivara el debate sobre el futuro del comercio global.
En definitiva, la participación de Donald Trump en el Foro Económico Mundial dejó claro que su visión económica sigue apostando por la confrontación y la renegociación dura de las reglas del juego. Mientras sus aliados escuchan con cautela y sus críticos advierten sobre los riesgos de un mayor aislamiento, el presidente estadounidense insiste en que su estrategia ha fortalecido a su país. En Davos, Trump no buscó consenso: reafirmó su mensaje de que, para él, la prosperidad global pasa inevitablemente por poner a Estados Unidos primero.
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