Festival en Entredicho: Ganadores denuncian cheques sin fondos y crisis de credibilidad en el vallenato

El prestigio de un festival se construye con años de tradición, talento y confianza, pero puede derrumbarse en cuestión de días cuando quienes hacen grande el evento —los artistas— se sienten burlados. Eso es exactamente lo que está ocurriendo con los ganadores del reciente Festival de Acordeones del Río Grande de la Magdalena, quienes denunciaron públicamente que los premios prometidos no han sido pagados y que los cheques entregados al cierre del concurso resultaron sin fondos.
Los artistas afectados aseguran que, tras el esfuerzo invertido en su preparación y participación, terminaron enfrentándose a una situación que califican como humillante: acudir a las entidades bancarias para cobrar un premio que, en la práctica, no existía. Este hecho, más allá de lo económico, golpea directamente la dignidad de quienes mantienen viva la tradición vallenata con su acordeón, su canto y su creatividad.
La denuncia no solo pone en la mira a los organizadores, sino que deja al descubierto un problema que se repite en varios escenarios culturales del país: la falta de seriedad en el manejo de los recursos y la ausencia de transparencia en eventos que se presentan como grandes vitrinas del folclor colombiano. Cuando el artista —que ya de por sí enfrenta un camino lleno de sacrificios— termina convertido en víctima de incumplimientos, la cultura pierde su base más valiosa.
Los ganadores aseguran que han intentado comunicarse con los responsables del festival sin obtener respuestas claras. Mientras tanto, la organización guarda silencio, un silencio que inquieta y alimenta la percepción de que la situación podría ser más grave de lo que parece. La alarma ya está encendida: algunos participantes advierten que, de no resolverse el problema, acudirán a acciones legales para exigir el pago que por derecho les corresponde.
El impacto de esta polémica va más allá de un simple premio no entregado. Afecta la imagen del festival, su credibilidad ante patrocinadores, el respeto del público y la disposición de artistas de alto nivel para participar en futuras ediciones. La confianza es difícil de construir y fácil de perder, y este episodio podría convertirse en una herida profunda para un evento que intenta consolidarse dentro del calendario cultural vallenato.
El caso abre un debate necesario: ¿cómo garantizar que los festivales culturales del país cuenten con mecanismos de control y rendición de cuentas que protejan al artista? ¿Quién supervisa el uso de los recursos? ¿Qué sanciones deben enfrentar quienes incumplen? La respuesta a estas preguntas es indispensable para evitar que la tradición y la identidad vallenata terminen afectadas por la mala gestión de unos pocos.
Por ahora, los artistas esperan lo mínimo: que su trabajo sea respetado y que los premios que ganaron con esfuerzo sean honrados. El público, por su parte, exige claridad. Y el festival, si quiere preservar su nombre, tendrá que dar explicaciones pronto.



