Colombia

Bloqueo en la vía Medellín–Urabá: una protesta que revela el colapso vial y el cansancio social en el noroeste antioqueño

La movilidad entre Medellín y la subregión de Urabá volvió a paralizarse este miércoles 3 de diciembre debido a un bloqueo protagonizado por habitantes, transportadores y líderes comunitarios que exigen soluciones definitivas a los problemas históricos del corredor vial. La manifestación, registrada principalmente entre los municipios de Dabeiba y Mutatá, generó un embotellamiento que se extendió por varios kilómetros, afectando vehículos particulares, transporte de carga, buses intermunicipales y mercancías de exportación.

Aunque el cierre tomó fuerza desde tempranas horas, los reclamos no son nuevos. De acuerdo con los manifestantes, la vía Medellín–Urabá ha sufrido décadas de abandono, a pesar de ser una de las rutas más importantes para el comercio, el turismo y la conexión con los puertos estratégicos del Caribe colombiano. Los constantes derrumbes, el deterioro del pavimento, la inestabilidad del terreno y la falta de maquinaria permanente para atender emergencias se han convertido en un riesgo para quienes la transitan diariamente.

Transportadores consultados en la zona aseguran que el corredor ya no resiste más improvisaciones. Señalan que los cierres por deslizamientos y obras inconclusas están afectando gravemente la cadena logística, especialmente en la exportación de alimentos, banano y productos perecederos, que dependen del acceso oportuno a los puertos de Urabá.
“Cada día parado significa pérdidas millonarias y retrasos que nadie nos reconoce. Esta protesta es la única manera de que el Gobierno escuche”, afirmó uno de los voceros del gremio de transporte pesado.

Por su parte, líderes comunitarios insisten en que la problemática trasciende la movilidad: afecta la economía local, limita el acceso a servicios y golpea a poblaciones rurales que dependen de esta vía para abastecerse. Denuncian que durante años se han anunciado intervenciones que nunca se concretan, generando desconfianza y un profundo desgaste entre los habitantes.

Las autoridades departamentales informaron que se han iniciado mesas de diálogo para escuchar las exigencias de la comunidad y buscar un acuerdo que permita habilitar el paso lo antes posible. Además, anunciaron el despliegue de maquinaria hacia los puntos críticos, especialmente en las zonas con riesgo de deslizamiento. Sin embargo, esta respuesta no ha sido suficiente para los manifestantes, quienes piden compromisos escritos, cronogramas verificables y presencia constante del Estado.

El bloqueo de hoy vuelve a evidenciar una realidad que Urabá y el occidente antioqueño conocen de sobra: la falta de una infraestructura sólida y planificada limita el desarrollo de la región y mantiene a sus habitantes en una situación de vulnerabilidad constante. Mientras no se tomen decisiones estructurales, los cierres, las pérdidas económicas y las protestas seguirán repitiéndose.

La jornada cerró con expectativas divididas: por un lado, la esperanza de que las negociaciones destraben la vía; por el otro, el temor de que, como tantas veces, todo quede en promesas que el tiempo desvanecerá. Lo cierto es que esta protesta ha dejado claro que la región ya no está dispuesta a esperar más.

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