Colombia

Un solo avión, un aeropuerto detenido: la falla que paralizó al Ernesto Cortissoz y expuso fragilidades del sistema aéreo

El cierre temporal del Aeropuerto Internacional Ernesto Cortissoz de Barranquilla por una falla en el tren de aterrizaje de un avión de carga reabrió una discusión que el sector aéreo colombiano suele aplazar: ¿qué tan preparada está la infraestructura aeroportuaria para enfrentar contingencias técnicas sin provocar un colapso operativo? El incidente, ocurrido durante la mañana de este viernes, dejó en evidencia la vulnerabilidad de un sistema que depende casi por completo de la disponibilidad de una sola pista y en el que cualquier imprevisto, por menor que parezca, puede desencadenar efectos de amplio alcance sobre pasajeros, aerolíneas y actividades comerciales.

La aeronave involucrada, un avión de carga de matrícula nacional, tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia luego de que los pilotos detectaran una anomalía en el tren de aterrizaje izquierdo. Aunque la maniobra se completó sin heridos y con el profesionalismo que caracteriza a los protocolos de seguridad aeronáutica, el avión quedó inmovilizado sobre la pista principal, bloqueando el corredor por el que habitualmente despegan y aterrizan las operaciones comerciales del Caribe colombiano. En cuestión de minutos, el tráfico aéreo quedó detenido y los vuelos programados para la mañana comenzaron a acumular retrasos.

Lo que inicialmente fue una falla técnica se transformó en un problema logístico de grandes proporciones. El aeropuerto —uno de los más transitados del país debido a su rol como punto de conexión regional— no pudo garantizar rutas alternas para la operación de aeronaves, lo que evidenció la dependencia casi absoluta de un único corredor operativo. Para los usuarios, esto se tradujo en largas horas de espera, incertidumbre y reprogramaciones que afectaron tanto a quienes viajaban por obligaciones laborales como a quienes se movían por motivos familiares en plena temporada alta.

A nivel institucional, la Aeronáutica Civil activó de inmediato los protocolos de emergencia y apertura de investigaciones, un proceso técnico que analizará si la falla fue producto de mantenimiento deficiente, desgaste estructural, error humano o una combinación de factores. Aunque la velocidad de respuesta fue destacada por operadores y autoridades, el episodio demostró que la capacidad de reacción sigue dependiendo de la rapidez con la que se pueda retirar la aeronave averiada, una tarea compleja cuando el peso, el tipo de carga y la posición del impacto dificultan el movimiento seguro del fuselaje.

Más allá del impacto momentáneo, el cierre del Ernesto Cortissoz representa una alerta para la región Caribe y para el país. La operación aérea no solo conecta pasajeros: sostiene el comercio, la distribución de mercancías perecederas, el abastecimiento empresarial y el dinamismo turístico. Una interrupción de horas en un nodo estratégico como Barranquilla implica pérdidas económicas que van mucho más allá de los tiquetes reprogramados. Para las aerolíneas, la situación implica reconfiguración de operaciones; para los pasajeros, un desgaste emocional y financiero evidente; y para el aeropuerto, un cuestionamiento directo sobre la necesidad de fortalecer sus planes de contingencia.

Este tipo de incidentes también abre un debate sobre la modernización de la infraestructura aeroportuaria. En varios países, los aeropuertos cuentan con pistas alternas, zonas de evacuación rápida y mecanismos de remoción de aeronaves diseñados para minimizar interrupciones. En Colombia, en cambio, muchos terminales —incluyendo algunos catalogados como internacionales— dependen de una sola vía de operación. Esta limitación se convierte en un factor de riesgo cuando la demanda aérea sigue creciendo y los vuelos operan al límite de capacidad.

La avería técnica de un avión de carga no debería tener la capacidad de paralizar a una ciudad, pero hoy lo hizo. La situación en Barranquilla deja una lección clara: la seguridad aérea no empieza ni termina en la cabina del piloto, sino en la fortaleza del sistema completo. Desde el mantenimiento de aeronaves hasta la infraestructura de los aeropuertos, desde los protocolos de evacuación hasta la comunicación con los pasajeros, cada engranaje cuenta. El país ahora espera la conclusión de las investigaciones y, sobre todo, la toma de decisiones que eviten que un incidente aislado vuelva a poner en pausa al Caribe y a su principal terminal aéreo.

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